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jueves, 24 de agosto de 2006

Profesiones fantásticas III: Putos modernos

Versión píldora:


Miró hacia ambos lados para asegurarse que nadie le había visto escribir "PUTOS MODERNOS" con un rotulador negro en el banco de la plaza. Sonrió orgulloso de su proeza, su pequeña ruptura de la legalidad, por la excitación de lo prohibido. Y luego contempló su obra con la satisfacción de haber hecho lo que debía.

Se ajustó las gafas de pasta negras a la nariz, se colocó bien la boina y, arrebujándose en su abrigo de tweed y su larga bufanda a rayas, encaminó sus pasos (calzados con zapatillas japonesas) hacia su destino tarareando el último éxito de Los Planetas.


Versión larga:


Estoy harto de todo esto, creo que voy a dejarlo.

Dijeron que me escogieron por mi profesión de ilustrador, porque creyeron que era adecuada para el puesto, que podría ganarme fácilmente con este segundo empleo por horas un importante sobresueldo y además ser invitado a los locales y restaurantes más in de la ciudad, a las exposiciones de la gente que HAY QUE CONOCER. Creí que no me quitaría mucho tiempo y sería bueno para mi trabajo, para hacer contactos, para entablar relación con gente interesante, para moverme en los círculos convenientes. Sé que soy bueno en lo que hago pero sin alguien que te ayude (sin enchufes) dicen que hoy en día no eres nadie. Y tienen razón.

Dijeron que también es bueno para la ciudad, que la hace más cosmopolita, más cultural y artística, que la hace interesante para marchantes, inversores, empresarios y turistas, que con mi pequeña aportación estaba contribuyendo a mejorarla, incluso a hacerla más receptiva a mi arte... Todos salíamos ganando: la ciudad, yo mismo, los dueños de restaurantes de diseño y japoneses, los cines en V.O., los escritores y editores de libros minoritarios, las tiendas de moda underground... No lo entendí demasiado bien al principio y recelé de que encima fueran a pagarme por semejante estupidez, desconfié, creí que no era posible. Pero salí del C.C.C.B. (Centro Cosmopolita de Contratación de Brigadas) con un jugoso cheque adelanto en la mano ("Para que te compres El Uniforme, la ropa y complementos adecuados que te indicamos, en las direcciones que te proporcionamos en la Guía de Orientación...") y con la sensación de haber firmado un negocio redondo. Sólo tenía que cambiarme las gafas, vestirme y peinarme como ellos querían, hacerme un weblog, comprarme una bici plegable, actuar un poco según las premisas que me daban y frecuentar los lugares indicados. A mi salario se añadían cenas en restaurantes, pases para museos, estrenos, conciertos y clubs.

Más tarde descubrí que la mayor parte del cheque adelanto se esfumó en El Uniforme (aquella ropa era carísima) y que aquél trabajo era una pesadilla. Poco a poco fue afectando a mi salud mental y ya no por tener que ver aburridísimas películas iranís subtituladas, ni por tener que estar al día en cuanto a moda, ni por llevar bajo el brazo libros que apenas entendía, ni por ir a conciertos que nadie escuchaba o mirar cuadros que por mucho que los mirara seguían siendo garabatos, sino por la gente de la que me veía obligado a rodearme. Eran la vacuidad hecha persona, egoístas, pagados de sí mismos, completamente intrascendentes en su supuesta trascendentalidad. Siempre con ese aire bohemio falsamente pedante. Si intentaba profundizar en una conversación con alguno de ellos sobre algún tema que presumían conocer acababa descubriendo que más allá de sus opiniones de manual no había nada. Y siempre eran los mismos en los mismos círculos. Me cansaron enseguida esas miradas por encima del hombro a los empleados sin un “gracias” o un “por favor”, esos gustos estándard, esas opiniones tan homogéneas que hacían pensar que o bien se ponían de acuerdo o alguien pensaba por ellos. Y lo peor de todo es que se suponía que mi trabajo era ser como ellos...

No podían ser de verdad, tenían que estar fingiendo. Se me ocurrió que si yo tenía ese empleo quizá también ellos estaban en la misma Brigada, quizá también estaban recibiendo un salario por ser modernos y ayudar a la ciudad a serlo. Tenía que averiguarlo, necesitaba saber que aquello no era real. Como en el C.C.C.B. me dijeron que mi empleo, como es lógico, era absolutamente confidencial y que podía perder el sueldo y tener que devolver el adelanto de manera fulminante si me descubrían, traté de hacer mis pesquisas discretamente. Intentaba cazar una mirada de comprensión, un gesto que contradijera la opinión del grupo. Casi nunca había nada digno de atención salvo alguna distracción de alguno de ellos que aún no había leído lo que estaba de moda o algún inoportuno bostezo fortuito que siempre era justificado con un “No, si a mí esta película me encanta, pero como ayer estuve bailando en un club hasta las tantas...”

Hoy mismo voy a decirles que lo dejo, que no es para mí, que yo no puedo con esto, que soy un pobre autónomo que no está a la moda y que seguiré pobre y autónomo pero seré auténtico, que esta gente no hay quien la soporte...

De camino al C.C.C.B. para entregar mi baja voluntaria leo por casualidad en uno de esos periódicos gratuitos que ahora lo que está de moda es no estar a la moda y odiar todo lo moderno. Lo lanzo a la papelera asqueado. ¡Putos modernos!

7 comentarios:

Anónimo dijo...

Me ha encantado. Has eludido perfectamemnte el término gafapasta. De todas maneras yo quiero ese trabajo.

Troutman dijo...

y, por supuesto, tampoco quiero ser anónimo.

Nuala dijo...

Empiezo a sospechar que aquí en Barcelona empieza a haber mucha gente con ese empleo, sino no se explica que haya tantos. La idea surgió comentándolo con Roger.

Al empezar a escribirlo pensé en darle un aire más terrorífico, del tipo Bodysnatchers, pero me ha quedado más normal. Veremos si lo reescribo y si lo presento a un concursillo local. No sé si es muy apropiado...

kar dijo...

me ha gustado el giro contradictorio final, el del apunte del periódico...

fuera D órbita dijo...

Si, más de uno se ha obsesionado con la idea de convertir Barcelona es un gran centro de diseño y moda, y yo ya estoy saturado de modernidad.

De hecho, chutas una piedra y salen 20 artistas que saben dibujar; hacer camisetas, bolsos, carteras; leer cómics; tocar la bandurria (con olor a pop); les apasiona el cine super exótico; pierden el culo por trabajar gratis en una de las revistas de moda (la ya extinta .H, Go o la que sea, porque continuamente aparecen y desaparecen, como el rio aquel); visten lo más extravagante posible y siempre, siempre, con gafas de sol de esas que provocan eclipses.

Recuerdo un dia, cuando entraba a una de las discos 'in' de la ciudad. y el tipo de la puerta, vestido a lo superman, con los gallumbos de su abuelo por fuera, nos decía que teníamos que ir 'locos y desenfadados'. Dios los crea y ellos se juntan.

¿Ya nadie quiere ser funcionario?

Algo está pasando en esta sociedad que no queremos ver... Y si no, conectad la tele, si os atrevéis, y observad la lista de colaboradores en los programas de cualquier tipo. Todos siguen el mismo patrón: o eres del clan o estás nominado a abandonar la casa.

¡Qué aburrido ser moderno! ¡Corta vida a la secta de los modernos!

Me ha gustado tu texto. Un vez más.

MonsterS dijo...

En este caso, la eliminación sistemática de esta deleznable clase social está más que justificada. Solo la sangre de los gafapastas derramada sobre las calles podrán redimir a la humanidad de más de 2000 años de mediocridad.

Blackstar dijo...

Me ha gustado muchísimo Nuala!

Es genial el juego de las siglas CCCB, sitio que a pesar de todo, me encanta!

Un abrazo