Mi blog se ha mudado! Redireccionando…

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miércoles, 14 de febrero de 2007

Mudanzas

Esta vez de hospedaje virtual.
Esto no va, se acabó mi paciencia.
Me encontrarán en:

http://labuhardilla.wordpress.com

viernes, 2 de febrero de 2007

Rechazo

Después de tanto predicar las bondades de blogger (que, dicha sea la verdad, no falla tanto como la coctelera o como bitácoras), va y me traiciona de forma estrepitosa.

Joseph Carey Merrick (sí, el famoso Hombre Elefante de la película de David Lynch) debe estar maldito. La entrada que intento escribir sobre él parece negarse a aparecer en este blog. Vale, de acuerdo: desisto.

Veremos si también blogger insiste en rechazar mi otra entrada sobre Freaks de Tod Browning...

Ahora precisamente que tengo tiempo para escribir, para presentarme a concursos, para coger práctica en esto de usar la tableta gráfica en lugar del ratón, para redondear el guión del cómic que tenemos a medias...

jueves, 11 de enero de 2007

Una de payasos

Cuando era pequeña no me daban miedo los payasos.

Veía a Los payasos de la tele y hasta creo que tenía alguna de sus cintas de canciones. Pero también veía Candy Candy o el programa de Torrebruno (D.E.P.), y tenía cintas de Teresa Rabal y de Enrique y Ana, lo cual no dice mucho a favor de mi criterio por aquél entonces. Bueno, era pequeña, ¿qué queréis?

Sin embargo fue leer It de Stephen King y empezar a temerlos. Nunca me hicieron demasiada gracia aunque no les temía en el circo las pocas veces que mis padres me llevaron. Pero después de leer y de ver a Pennywise (me refiero a este de la izquierda, no al grupo de California), el Payaso Bailarín, en la versión telefilm los payasos de ese tipo me dan bastante repelús. De hecho Pennywise se parece bastante a Ronald McDonald y a éste último tampoco puedo verlo ni en pintura.

Parece que no es nada raro y que, en general, los payasos provocan tanta o más aversión que simpatía. Incluso existe un nombre específico para el miedo irracional y enfermizo a los payasos: coulrofobia. A los niños suelen asustarles los disfraces en general (vean las lágrimas de muchos cuando sus padres los sientan a la fuerza sobre las rodillas de un Rey Mago o de un Papá Noel) y además el maquillaje de los clowns, que deforma y exagera ciertos rasgos faciales, a muchos les aterroriza por parecerles deformidades nada cómicas. Para rematarlo su comportamiento extraño, delirante e ilógico roza la locura o psicopatías maníacas...

Sólo piensen por un segundo cuántos payasos malvados existen a lo largo de la historia, real o imaginaria además del ya mencionado de It... Piensen por ejemplo en John Wayne Gancy, el famoso asesino en serie apodado "The Killer Clown", quien confesó haber matado a 33 hombres y niños (el más joven de 9 años y el mayor de 20) y haberlos enterrado bajo su casa. Trabajaba en fiestas infantiles vestido como Pogo El Payaso. Durante su tiempo en prisión pintaba al óleo caras de payasos (uno de ellos fue comprado por GG Allin y aparece en una portada de uno de sus discos) y afirmaba sardónicamente "A clown can get away with murder." Murió asesinado por el Estado de Illinois en mayo de 1994 mediante una inyección letal. Nunca expresó remordimientos y sus últimas palabras fueron "You can kiss my ass". Su examen psicológico y el análisis post- mortem de su cerebro eran aparentemente normales.

O piensen en el archienemigo del también bastante trastornado psicológicamente y oscuro héroe de cómics Batman. El Jocker, un antiguo ingeniero químico trastornado tras la muerte de su mujer y del futuro hijo que esperaban y cuya cara sufrió terribles deformaciones tras quemarse con productos químicos, se convirtió en un demonio del mal y en la pesadilla de Bruce Wayne...


Jocker en "La broma asesina", por Brian Bolland.

Y ya no hablemos de los muchos grupos y músicos que han adoptado el look de "evil clowns" como seña de identidad. Ojo, que no me refiero a los que salen al escenario y hacen el payaso, de esos aún hay más.

Sin embargo afortunadamente todos los payasos no son así de terribles. También hay payasos que no dan miedo, payasos adorables... Aunque no siempre lleven la cara pintada... Y es que la genialidad de estos payasos está en retrotaernos a nuestra inocente infancia cuando el mundo entero era una sorpresa, en hacernos volver a los sentimientos primarios y puros, en revelarnos la estupidez de lo que nos rodea. Buster Keaton, Charles Chaplin, los Hermanos Marx, los Monty Python... y muchos otros.

Y esos payasos la mayoría de las veces son más tristes que divertidos, más revolucionarios que amables.

Ah, por alguna razón el llanto de un payaso siempre nos remueve profundamente el alma. El aullido de Charlie Rivel le hizo famoso y se convirtió en parte característica de su número, junto a su silla y su guitarra.

Una de las anécdotas mas entrañables es precisamente el origen de ese aullido. Charlie se disponía a empezar su actuación en la pista del circo pero un niño asustado lloraba desesperadamente y el público estaba más pendiente de él que del payaso. Así que Charlie se acercó para tratar de calmarlo pero sólo consiguió que el niño llorara con más fuerza. Rivel entonces se retiró hacia el centro de la pista y empezó a aullar, a llorar desconsoladamente, solidariamente: "¡¡¡Aaaauuuuuuuu!!!" El niño se calló en el acto, sorprendido al descubrir que aquel ser extraño que lo había asustado al principio sufría y se expresaba en su mismo lenguaje. Cuando Charlie, aún lloroso, se acercó de nuevo al niño éste se sacó de la boca el chupete y se lo tendió al cómico en un acto de solidaridad. El llanto de Rivel se transformó en una tierna sonrisa y el publico arrancó en aplausos. El payaso aceptó el ofrecimiento del niño y hoy en día aquel chupete histórico se conserva entre las vitrinas del Museo Charlie Rivel de Cubelles.

Un verdadero monumento a lo que un auténtico payaso significa.


miércoles, 10 de enero de 2007

La trágica historia de Julia Pastrana

Julia Pastrana (1834- 1860) es uno de los casos más tristes y con final más lamentable de entre los fenómenos de circo denominados "mujer barbuda", "mujer- oso" o "mujer- simio". Esta india mexicana nació con la enfermedad denominada síndrome de hirsutismo con fibromatosis gingival (aunque algunas fuentes de las que me fío menos -léase wikipedia- indican que era hipertricosis universal congénita o Síndrome de Ambras). De resultas de esto medía apenas 137 centímetros de altura, todo su cuerpo estaba cubierto de abundante pelo negro, su mandíbula era inusualmente prominente (prognatismo facial), sus encías presentaban una hipertrofia que las llenaba de bultos y sus enormes e irregulares dientes se apilaban y retorcían en dos hileras.

Trabajó como empleada del hogar para una autoridad mexicana hasta que un hombre sin escrúpulos la descubrió cuando contaba con 20 años. Él era Theodore Lent, un empresario artístico que la hizo entrar en el mundo del entretenimiento, eufemismo para decir que la convirtió en un gran fenómeno de circo, y la exhibió por toda la región y por Estados Unidos como "El Híbrido Maravilloso", "La mujer más fea del mundo" o "La mujer oso". El médico neoyorquino Alexander B. Mott llegó a opinar: “Es uno de los más extraordinarios seres de los tiempos recientes, un híbrido entre humano y orangután”. Está claro que la ignorancia es increíblemente osada.

En 1854 Lent se casó con ella y así, además de en funciones masivas, pudo hacer pases privados para mostrar a su esposa a cambio de entrada en el propio salón de casa. Quienes la trataron afirman que era una mujer dulce, educada y extremadamente inteligente que amaba la lectura y que hablaba y escribía tres lenguas. Quizá aceptó ser un fenómeno circense como precio por abandonar la extrema pobreza de sus orígenes y por ver mundo. Quizá sabía que por su naturaleza era la única opción.

Lent la dejó embarazada y vendió entradas para el parto que se produjo en marzo de 1860, estando de gira en Moscú. Dio a luz a un niño que heredó sus características físicas pero que, debido a dificultades en el parto, apenas sobrevivió tres días. Ella murió tras dos días más de agonía, que su marido también amortizó económicamente.

Pero Lent no dio por acabado el tour: contactó con el profesor Sokoloff, y mandó momificar el cuerpo de Julia y del bebé recién nacido (aunque fue más bien un trabajo de taxidermia). Luego vistió a su difunta esposa como a una danzarina rusa y la colocó junto a su hijo muerto en una vitrina que siguió mostrando por todo el mundo a todo el que estuviera dispuesto a pagar.

Lent encontró al poco tiempo a otra mujer barbuda y se casó con ella, continuando con su negocio. Los días del empresario acabaron en una institución mental después de que en 1880 perdiera el juicio.

Las momias de Julia y su hijo siguieron su triste perregrinar, cambiando varias veces de manos. Fueron mostradas en Oslo por otro empresario noruego hasta que el gobierno de ese país prohibió su exhibición pública. Las momias fueron robadas en dos ocasiones y cuando fueron recuperadas en 1979 a ella le faltaba un brazo y ambos cuerpos habían sido parcialmente comidos por las ratas. Lo último que se sabe es que en 1990 estaban almacenadas en el sótano del Instituto Forense de Oslo.

martes, 2 de enero de 2007

Carnivàle

El circo llega a la ciudad...

Con el año nuevo, con el aniversario del día que R. me preguntó si quería que fuéramos a vivir juntos (así empezó el 2006 para mí y aquí estamos, viviendo juntos un año después), ha llegado a mis manos una serie que ya se ha colocado en mi lista de absolutas favoritas, en el Olimpo de las series, junto a The Sopranos, Six Feet Under y Northern Exposure. Llegó a mí por casualidad, sin haber oído hablar de ella, pero con excelentes referencias de un gemeloso amigo cinéfago con cuyo criterio suelo coincidir y en el cual confío plenamente.

Se trata de Carnivàle, una impresionante serie de cuidada producción, brillantes guiones y tremendos personajes que la HBO decidió cancelar tras su segunda temporada por su altísimo coste y su baja audiencia. La historia seguía las vidas de los integrantes de un peculiarísimo Circo por un lado y del padre Justin por otro y pretendía enmarcarse en los años de la depresión en Estados Unidos, comenzando en 1930 y acabando en 1945, pero apenas pudo empezar a desarrollar su argumento. Cuando la cadena ofreció a su creador, Daniel Knauf, rematar la serie con una telemovie, él rechazó la idea al considerar que dos horas no eran suficientes para acabar lo que había empezado. Otra brillante obra inacabada.


En sólo un día (el uno de enero, ese día que comes a las cinco de la tarde y que apenas existe en los calendarios) engullimos seis capítulos del tirón, totalmente enganchados. Y hoy dos más. No es para menos...

No puedo decir más que es sorprendente y brillante, que es descarnada e inteligente, que habla de la magia y del bien y del mal, de la luz y las sombras, de los dioses y los demonios, de justicia y de vileza, de fuerzas que están más allá de nuestra comprensión y de poderes fabulosos y aterradores al mismo tiempo. Cada uno de los personajes es fascinante en sí mismo, cada uno posee una historia oscura por descubrir y éstas se cruzan y se enmarcan en una época y en un ambiente entre decadente y admirable.

Ah, llegó el circo, el carnaval de rarezas y de historias fabulosas. Pasen y vean. Abran bien los ojos a los fenómenos que van a ofrecernos. Vean a la mujer barbuda, al hombre serpiente, a las hermosas y exóticas bailarinas, a la domadora de serpientes, al hombre diminuto, a las hermanas unidas por la cadera, al gigante y al forzudo. Vayan a que la adivinadora les lea su futuro en las cartas del tarot. O quizá prefieran ver su presente. O su pasado si es que pueden enfrentarse a él...

Michael Knauf, el guionista de esta extinta serie que como otros cerebros se ha pasado al mundo del cómic (Straczynski o Joss Whedon) podría estar rumiando la idea de finalizar su obra inconclusa en este otro medio. Esperemos que así sea para que, por lo menos, saber cómo acaba todo.

Siempre me ha embobado ese ambiente decadente de los circos de rarezas, y la magia y el simbolismo que hay en las cartas y en las historias bíblicas. En esta serie hay alusiones a todo ello. No, esta serie va de todo ello.

De modo que en homenaje a Carnivàle he decidido dedicar unas cuantas entradas de este blog al circo. No el de los elefantes, los equilibristas y los payasos. Nada de Cirque du Soleil ni cosas asépticas, artísticas y hermosas por ese estilo. Me interesa la parte oscura, lo que hay detrás del telón, las luces y el maquillaje festivo. Lo que sienten las siamesas cuando el público las mira entre asqueado e hipnotizado. Me interesa el llanto del clown o la vida de la pitonisa.

¡Que empiece el espectáculo!

domingo, 31 de diciembre de 2006

Adiós, 2006

No le podría pedir más a un año en el que todo lo que me ha ocurrido han sido cosas buenas.

Una amiga dice que los años impares siempre son mejores. Y aunque no esté de acuerdo y me parezca una estupidez éste que se nos acerca ya, pisándonos los talones, además de ser impar acaba en siete, un número que siempre me ha parecido mágico. Si va a ser aún mejor que el 2006 me va a traer muchas alegrías. Lo mismo os deseo a todos. A los que salís y a los que preferís quedaros en casa. A los que lo celebran en familia y a los que prefieren estar solos (los padres se suelen poner muy tontorrones en fin de año, pobres). Solteros, con pareja, con mascota o como quiera que estéis.

Que no se os atraganten las uvas.

Brindemos por obtener lo mejor del 2007.

Mañana, cuando despierte, sea la hora que sea, tendré varias cosas que celebrar...



P.S. Como deseo para el año que viene añado que por fin nos pongan la conexión adsl para poder colgar imágenes, actualizar el blog más a menudo y volver a la vida de internauta.

sábado, 23 de diciembre de 2006

Inventario apresurado

Por si no tuviera bastante con mi dolor de espalda, mi atontamiento y mal humor matutino debido seguramente al Myolastan y todo lo derivado de tener la casa a medio montar llega el remate. A mi hermano, mi querido hermano, que decidió que se cambiaría de su habitación en casa de mis padres a la mía, que es más grande, le han entrado las prisas. Lleva 20 años en su habitación y ahora resulta que no puede esperar unos, ya no meses, sino semanas a que yo acabe de vaciar mis armarios repletos de cosas y les haga sitio a esas cosas en mi nuevo hogar.

De modo que, como parece que el niño es quien manda, me toca fastidiarme y meter a toda prisa mis pertenencias en cajas de cartón que ni siquiera sé dónde voy a colocar. Ale, llévate todo lo tuyo. Y que sea ya. Ahora mi antigua habitación en casa de mis padres (que cuando se instale mi hermano ya no será nunca más 2mi habitación) se parece según Roger a esos pisos de ancianos con síndrome de Diógenes (¿qué hizo el bueno de Diógenes para merecer que usaran su nombre para eso?).


Ya puse todos los libros en cajas. Y la mayor parte de la ropa. Ahora remueve a toda prisa recuerdos y decide, vamos, rápido, si quieres tirar ese juego de porcelana con el que servías el té a tus muñecas y ositos de peluche. Sonríe, pero rápido, al descubrir postales de todas partes que te han enviado amigos que una vez fueron de viaje, baraja la posibilidad de guardar o tirar a la bolsa de desechos los pequeños y ahora ya casi insignificantes recuerdos que aún guardaba relacionados con mi ex (una piedra, una conchas marinas de una playa de Galicia, un azucarillo de un bar, una colección de tazos de Pokémon que me regalaron sus sobrinos, el recuerdo de la boda de su hermano, billetes de tren...), sorpréndete de encontrar aún botes de colonia con marcas que recuerdan a la pre- adolescencia (como pueden observar en la foto sólo me falta Farala y "tu primera colonia... ¡Chispas!"). Y montones de libretas del instituto. En media libreta, Geografía. Y por detrás, en la otra media libreta, poemas, letras de canciones en inglés traducidas por mí, cuentecillos o pretensiosos y ruborizantes intentos prematuros de planificar mi primera novela a los 16 años que acababan casi siempre antes de las 20 o 30 páginas. ¿Cómo demonios voy a tirar eso a la basura? Es que soy incapaz...

Me cuesta tanto desprenderme de los recuerdos... Ya comenté en otra ocasión a raíz de la película Something Is Illuminated (que está en mi top ten del año, por cierto) que soy una coleccionista de cosas estúpidas relacionadas con personas, con instantes, con acontecimientos que quiero recordar. Es como si mediante esos pequeños fetiches pudiera vencer al tiempo y al olvido, hacer permanente lo que es eminentemente efímero. Como si intentara fijar con objetos mi memoria, que para algunas cosas es escasa.

Así, al destapar un frasco del perfume Poison, recuerdo las tardes en que me arreglaba primorosamente para ir a la discoteca con mis amigas, me ponía guapa (pero sin reconocerlo) por si aparecía el príncipe azul que me sacaría del pozo de mi depresión y mi sentimiento de incomprensión y odio hacia el mundo que me parecen ahora tan adolescentes.

Con los folletos del Camping Caravaning Riembau recuerdo mis vacaciones en Platja d' Aro. Hay un forfait de la primera vez que esquié en una excursión con el instituto. Y el mapa del metro de París de la primera vez que estuve allí. Dibujos a medias con mi hermano cuando aún hacíamos cosas juntos y cantábamos a dos voces la banda sonora de Aladdin de Disney. Y mi viejo casette y millones de cintas que seguramente nunca más escucharé pero que tampoco me siento con ganas de tirar. Al menos el Meccano enorme que regalaron a mi hermano y con el que nunca jugó va a servir para que Roger tenga por fin lo que de pequeño siempre pidió al Cagatió y nunca le trajeron.

¿Dónde voy a meter tanta basura inservible pero tremendamente cargada de significado en mi vida?

Quizá la solución sea tirar la mayor parte de esas cosas y convencerme a mí misma de que eso no va a hacer que todos esos recuerdos desaparezcan esfumados en la nada. Sin embargo de no ser por algunas de esas cosas que ni siquiera sabía que había guardado no habría recordado hoy muchos momentos. Si no fuera por algo tan cursi como la canción "Un mundo ideal" de Jasmin y el Príncipe no hubiera recordado que hubo un tiempo en que mi hermano y yo nos reíamos juntos. Si tuviera una lámpara maravillosa pediría que esos momentos no fueran parte del pasado.

Y una cápsula hoi-poi de las de la empresa del padre de Bulma en Dragonball para poder guardarlo todo.

viernes, 22 de diciembre de 2006

Felices fiestas



Os deseo lo mejor para estas fiestas y para el nuevo año que ya se acerca desde mi nueva casa y mi nueva vida.

No soy yo muy navideña, los únicos adornos que tenemos son una ponsetia que nos regalaron, dos postales que nos han enviado amigos y un "caganer" que Roger se empeñó en comprar. Ni árbol, ni nacimiento, ni lucecitas, ni esos malditos papá noeles que cuelgan de los balcones como una plaga entrarán en nuestra casa. Tampoco la lotería me hará rica porque no suelo comprar nunca. Tenemos salud (pese a mi espalda), menos mal.

Estos días serán extraños por primera vez en mi propio hogar, aunque casi no lo voy a notar con tantas comidas y cenas fuera, invitados por un familiar u otro. Pero lo de preparar cenas de fin de año tampoco me pillará de nuevas.

Después de mis primeras y míticas lentejas en olla exprés, un momento épico al ritmo de Rush, y mi primer pollo al horno (todo ello delicioso, aunque está feo que yo lo diga) ya nada me da miedo. Estamos perfeccionando hasta el punto de delicatessen nuestra tortilla de patatas y nuestro guacamole. La vida es bella.

Les deseo a todos mis lectores montones de alegría y felicidad. Felices empachos y felices borracheras. Felices resacas y paciencia con la familia en esas comidas interminables.

Mucho amor y paz para todos.

viernes, 15 de diciembre de 2006

Té con especias y mecedora

Para compartir confidencias.
Para renovar la amistad.

Good Night, Sweet Girl

Andera: I need to hear four words before I go to sleep: Good night, sweet girl. I'm easy, I know, but a man who can muster up those four words is a man I wanna stay with.



¿Hay algo mejor que volver a casa y que te estén esperando los besos y las caricias y el calor nada más abrir la puerta?

A veces me asalta el miedo. La sola posibilidad de que vuelva a ocurrir, de perder lo que tengo, me aterra. Supongo que eso significa cuánto me importa. Espero que ese nuevo miedo no lo joda todo.

I woke up near Rittenhouse Square
There was noise in the hall; snow was flowing in the air
And I could see just then the flashing spark
Of the match to my first smoke

Some houses are built to last
It's the couple inside that change too fast
I can see their faces looking through the glass
They're not where they belong

I want to stay with you, baby.
Won't you let me stay?
You're a Beautiful Girl.
I'm right where I belong, baby.
I'm here with you.
You're a Beautiful Girl.

I see your feet at the edge of the bed
While an old Love song is creeping into your head
And as your eyes just closed I could only guess
If you were dreaming of me again

Stained glass casts a flickering light
With the curtains closed I can't tell if it's night
But I know for sure that this sure feels right
With you here between my arms

I want to stay with you, baby.
Won't you let me stay?
You're a Beautiful Girl.
I'm right where I belong, baby.
I'm here with you.
You're a Beautiful Girl.

And I hope that you can take me
When I'm going out of my head.
And I hope that you will keep me
Keep me warm in your bed.

Beautiful Girl - by Pete Droge

martes, 12 de diciembre de 2006

Myolastan, Voltarén, visitas, regalos y canciones

Empiezo mi treintena con una baja médica por tener la espalda jodida. Estupendo. Y seguimos sin adsl. ¡El horror!

Hasta el moño de ir al Ikea y de montar muebles y de empaquetar y desempaquetar cosas. No ir a trabajar y tener que usar un módem de 56k me tiene desconectada del mundo, de los foros, de los blogs amigos y hasta de las noticias. Parece mentira que ya me sea tan imprescindible internet. Ni siquiera tengo ordenador, Roger y yo nos turnamos con el portátil porque su pc ha decidido dejar de funcionar.

A pesar de todo las cenas en casa han ido muy muy bien y me las he tomado con una sorprendente calma de anfitriona. Mi cena de cumpleaños trajo muchos regalitos (dos cómics entre ellos, así que Mikel ha salvado su brazo) y acabó con todos un poco borrachos y jugando a Singstar. Las lluvias torrenciales deben estar a punto de llegar.



El fin de semana pasado sólo salimos para el concierto benéfico de Light Of Day en la sala Privat de Mataró en el que disfrutamos por turnos de Jesse Malin, el gran Willie Nile, Joe D´Urso (impresionante vozarrón) y las dos confirmaciones de última hora: de nuevo el increíble Gary Louris y un Nacho Vegas un tanto fuera de lugar. Aunque quizá éramos nosotros los que estábamos fuera de lugar entre tanto cincuentón fan de Springsteen con aspecto de tener el descapotable aparcado en la esquina. Me lo habría pasado mucho mejor si la espalda no hiciera de las suyas otra vez.

El concierto me dejó como un regusto triste, pese a las payasadas de Nile. Alguna de las canciones acústicas me hizo pensar en lo desgarrador que es cuando se termina el amor, en que peor aún que el fin en sí mismo es saber que se acababa, es el presentimiento de que el final de ese gran amor estaba cerca y, por mucho que te negaras a admitirlo, ya no había nada que hacer. Esa es una de las peores sensaciones que se pueden tener en la vida. Si supiera hacerlo y si creyera que hay un poder superior escuchando rezaría por no sentirla nunca más.

Pero el concierto me dejó también una sensación de unión, de casi comunión entre almas, de que no hace falta un poder superior cuando está esa cosa sublime que es la música.

miércoles, 29 de noviembre de 2006

30

Ya llevo más de una semana en mi nuevo hogar. Ya tenemos teléfono y el adsl está a punto (o eso dicen los de Orange). Las cosas parece que van adquiriendo un sentido y comienzo a saber en qué cajón colocar cada cosa, en qué tiendas del barrio comprar cada producto, en qué orden encender y apagar las luces, cómo caminar a oscuras por el pasillo y encontrar puertas e interruptores sin tropezar con nada.

Ya no es extraño como al principio cuando había muebles viejos por el suelo y comíamos en platos de plástico. Hemos hecho nuestro el sofá, la mesa y las sillas, el baño y la cama, aunque el colchón ortopédico me siga produciendo dolores de espalda. Ya es mi casa. Nuestra casa...

¿Quién me lo iba a decir a mí hace tan sólo un año (ya no digamos dos o tres)?

El próxima sábado hago una cena para mis amigas y amigos, será la primera que organizo como verdadera anfitriona en mi propia casa. Contrariamente a otras veces en esta no tengo ganas de agobiarme con que todo esté perfecto, con que los platos conjunten, con que toda la comida se sirva perfecta en la mesa y todo el mundo coma de todo. Quiero pasarlo bien yo también antes y después de la cena, y si todo no está perfecto pues mala suerte, con que no se queden con hambre tengo suficiente (y acostumbro a sobrealimentar a mis invitados y hacer siempre comidade más). Al fin y al cabo estaremos celebrando mi cumpleaños.

Sí, olvidaba mencionarlo: hoy cumplo 30 y me siento más plena y feliz que nunca.

viernes, 17 de noviembre de 2006

Migraciones

Mi blog también está migrando. A la nueva versión Blogger Beta con categorías y supongo que muchas más mejoras respecto a esta versión, que lo harán todo más fácil sin que aparentemente cambie nada demasiado.

Es la versión diminuta e internáutica de mi migración grande, la vital, la que supone trasladar cajas, montar muebles, agujerear paredes, limpiar baldosas, colocar ollas... La que me está volviendo loca pero que cuando acabe conformará mi nueva y feliz vida.

En un tiempo record de dos semanas hemos comprado y colocado todo lo necesario para el que va a ser nuestro hogar. Y supongo que el estrés y el cansancio físico y psicológico que supone haberlo hecho tan rápido nos está pasando factura, ahora que ya casi hemos acabado. He tenido algún día de auténtica taquicardia y algún otro de agujetas hasta en las pestañas. Afortunadamente la familia siempre está cuando la necesitas y, por mucho que a veces se te hicieran insoportables con sus gritos y reproches, son un cielo y ahora que me voy hasta los echaré de menos. De todos modos los tendré cerca, no me puedo quejar.

El sábado llegó el somier y ya tenemos dónde dormir. O sea que ahora que todas las lámparas están colgadas hemos decidido que hoy mismo estrenamos nuestra casa. Comienza una nueva aventura.

miércoles, 8 de noviembre de 2006

A mejor vida

Ese es el título que finalmente escogí para el proyecto de comic que ya comenté que Roger y yo estábamos preparando juntos para BD Banda, una revista gallega que busca nuevos colaboradores. Soy malísima para poner títulos. Cuando escribo algo siempre dejo el título para el final con la esperanza de que se me ocurrirá la frase perfeca que resuma lo que quiero expresar. Nunca llega a aparecer como por arte de magia y me quedo esperando siempre a la musa, escogiendo resignada algo obvio, mundano aburrido y poco brillante. En fin, es lo que hay.

Acerca del argumento de momento no quiero ser demasiado explícita porque básicamente aún no sé si vamos a hacerlo (han recibido más de 120 proyectos entre los que está el nuestro) o si, cuando lo hagamos, aunque no sea elegido, tendrá mucho que ver con la idea concreta inicial. Estas cosas evolucionan y a medida que lo vamos pensando va cambiando cada vez un poco así que os copio el resumen del resumen que enviamos a los futuros o posibles editores:


"A mejor vida" es una reflexión sobre la juventud, sobre la madurez y el paso a la edad adulta. Es el viaje iniciático de un adolescente, un viaje tan cotidiano como sorprendente por nuestra sociedad, una visión divertida, cínica, crítica y llena de sentido del humor de cómo un chico de 16 años supera una situación traumática y toma las riendas de su vida dejando atrás la infancia.

Sí, lo sé, no dice gran cosa. Que no explica nada, vamos. Y que además es asquerosamente comercial, como para estar en las solapas de un libro o en la típicamente entusiasta crítica que la editorial de turno pasa a los medios de comunicación. Sí, pero es lo que se supone que tenía que ser.

Básicamente la idea es bastante sencilla: Óscar es un chaval introvertido e inadaptado cuyo padre acaba de morir, que tiene que ir a vivir con su hermana a otra ciudad y al que, para colmo, le han dejado el marrón de decidir qué hace con las cenizas del difunto. Intentaremos contar ni más ni menos que el proceso de cambio en el que se verá inmerso, su viaje a otra ciudad, la nueva gente que conocerá, su nueva vida... E intentaremos hacerlo con humor punzante y crítico, dejando de lado los tópicos y aportando nuestras dos formas de ver la vida.

Para los que no se hayan pasado por el Sketchblog de Roger y no hayan visto aún a los protagonistas de la historia aquí los tienen (clicando sobre ellos podrán verlos más grandes). Todos creados y diseñados por Roger Tallada.

Óscar, nuestro protagonista, sosteniendo lo que queda de su padre.


Sarah, su hermana, con su hijo Ángel:


Héctor, el difunto padre de ambos:


Simón, un viejo amigo de Héctor:


Eloy, un nuevo amigo:

martes, 31 de octubre de 2006

Parece mentira...


Roger Tallada

Hoy es el día...

Hoy firmamos el contrato del que será nuestro piso. Casi no me lo creo. Y también hay que entregar el proyecto de nuestro comic que se va a llamar A mejor vida.

Sólo pensar que podremos tirarnos en nuestro sofá a ver nuestra tele ya es una gozada.

jueves, 26 de octubre de 2006

Tierra de mareas

Lo sé, soy un desastre, tengo abandonado el blog últimamente. Pido disculpas si es que alguien lo ha notado.

Podría citar más de diez razones lógicas para esta dejadez pero todas me han parecido excusas baratas cuando las he visto escritas. Digamos que últimamente vivo en una tierra de mareas, que el suelo no es muy firme bajo mis pies, que se avecinan cambios importantes que no acaban de presentarse y que eso me tiene impaciente, me asusta y me marea un poco al mismo tiempo, como el ligero balanceo de un barco que, aún así, sabes que no va a hundirse. De momento no hay trabajo nuevo, ni firma del contrato de alquiler (aún). Me desespera no poseer algo tan banal pero necesario como el dinero, algo a lo que nunca le he dado demasiada importancia hasta que me ha faltado. Y no me preocupa más que de forma inmediata, en la medida en que debe permitirme cumplir mi objetivo. Pero bueno, no voy a aburriros con estas cosas de andar por casa...

Quizá resulte más interesante decir que Roger y yo andamos liados, además de con el piso, con el proyecto de un cómic para presentarlo a una editorial que busca dibujantes y guionistas. Es la primera vez que colaboramos juntos y es la primera vez que escribo el guión de un cómic, no puedo ocultar que me hace mucha ilusión. Al mismo tiempo tampoco puedo ocultar que me está resultando increíblemente difícil, escribir un cómic no tiene nada que ver con escribir un cuento o una novela o un guión de cine. Ya tengo la idea general del argumento desarrollado en una serie de seis entregas de ocho páginas, tengo a los personajes descritos más o menos psicológicamente y Roger ya está creando la parte física, pero hay que ajustar los tiempos, visualizar las páginas, determinar la narración y el ritmo... Como lectora siempre lo había pensado pero ahora que estamos manos a la obra veo una vez más que es difícil saber dónde acaba la tarea del guionista y empieza la del dibujante. En la tarea de concreción desde el argumento más general a lo concreto de cada viñeta en algún momento debo parar. Por suerte eso no va a suponer un conflicto de egos o un choque de ideas para nosotros. La colaboración está resultando, como esperaba, muy fácil, pacífica y mutuamente estimulante. Veremos qué sale de todo esto...

De momento en su blog ya podéis ver un adelanto en forma del personaje principal, un adolescente al que hemos llamado Óscar, y su hermana Sarah.

Y ya que me preguntan, Tideland fue... fantástica. ¡Esa es la palabra! Sólo puedo describirla como una genialidad insuperable de Gilliam, absolutamente perfecta. Como ya dije en un foro es bella, imaginativa, original y sobrecogedora. Me preocupaban las críticas negativas que había recibido en algún festival pero no tenía absolutamente nada que temer, los críticos no siempre tienen criterio.


El ambiente malsano que rodea a la protagonista, Jeliza- Rose, la hace evadirse imaginando a su alrededor un mundo fantástico y fascinante, repleto de hadas, cabezas de muñecas que hablan, ardillas, agujeros de conejo que llevan al País de las Maravillas, océanos en campos de trigo, brujas malvadas, sirenas y príncipes azules.


Gilliam nos sumerge en un viaje terrorífico y alucinante de mano de una niña y nos obliga a olvidarnos de los prejuicios adultos y ver el mundo a través de los ojos de Jeliza- Rose, volver a tener 12 imaginativos años. Aunque lo parezca no es una película complaciente ni fácil de ver, es dura y terrible a veces (algunos lo han descrito como una mezcla entre Alicia en el país de las maravillas y Psicosis) porque, por momentos, nos damos cuenta de que el mundo que la protagonista ha construido a su alrededor y que la hace sentir feliz y menos sola oculta la escalofriante realidad a la que quizá prefiere no enfrentarse.


Absolutamente increíble y deliciosa. Una obra maestra de mi director favorito.

Estoy impaciente por ver lo que hace con el biopic de Phillip K. Dick. Promete.

martes, 17 de octubre de 2006

Upside Down

Apenas he dormido hoy. Quizá no tenga nuevo trabajo por las peores razones, aquellas que nada tienen que ver con mi capacidad o con mi curriculum, y necesitamos una hoja de salario para firmar el contrato de alquiler...

No se me ocurre nada que decir. Podría hablar de Sitges, de la fabulosa Tideland de Gilliam. O de todas las películas en dvd que hemos estado viendo últimamente, del Aviador, de cómo David Bowie marca paquete en Labyrinth...

Pero de todo ello ahora sólo recuerdo a Brando semioculto en las sombras, como un ídolo arcano y loco escondido con sus adoradores en lo más profundo de la selva. Aquél que ha estado en el corazón de las tinieblas y ha vuelto para contarlo. La lógica ilógica de la amoralidad de la guerra en Apocalypse Now (Redux).



"He visto horores. Horrores que tú has visto. Pero no tienes derecho a llamarme asesino. Tienes derecho a matarme. Pero no tienes ningún derecho a juzgarme.

Es imposible definir con palabras lo que esto significa... para los que no saben lo que es el horror. EL HORROR. El horror tiene forma y uno debe familiarizarse con él. El horror y el terror moral son tus amigos, o de lo contrario se convierten en enemigos espantosos, en enemigos de verdad.

Me acuerdo cuando estaba en la Fuerza Especial. Parece que han pasado mil siglos... Fuimos a un campamento a vacunar a unos niños. Dejamos el campamento después de vacunarlos a todos contra la polio. Un viejo vino tras nosotros llorando. Volvimos atrás. Ellos habían vuelto y cortado los brazos vacunados. Allí había una enorme pila de pequeños bracitos. Y recuerdo también que yo lloré como un niño. Quería arrancarme los dientes, no sé lo que quería hacer. Y me esfuerzo por recordarlo. No quiero olvidarlo nunca, no quiero olvidar.

Entonces vi claro, como si me hubieran disparado con una bala de diamante en la frente. Y pensé, dios mío, qué genialidad, el genio, la voluntad de hacer eso. Perfecto, genuino, cristalino, completo... puro.

Y entonces me di cuenta de que eran más fuertes porque lo soportaban. No eran monstruos, eran hombres, cuadros entrenados. Estos hombres, que luchan con corazón, que están llenos de amor, han tenido la fuerza, LA FUERZA, de hacer eso.

(...)

Entrenamos jóvenes para hacer fuego sobre la gente. Pero no les dejan poner "joder" en los aviones porque es una obscenidad."

lunes, 16 de octubre de 2006

Mi nueva vida

Los cambios se suceden a velocidad vertiginosa. Casi me mareo. Casi da miedo... Mejor que sea así, rápido.

Técnicamente ya tenemos piso, aunque aún tengamos que ultimar detalles y firmar. El del suelo feo. Ya soy casi especialista en cómo taparlo con lo que sea (alfombras, moquetas, losetas de vinilo, sintasol, etc.). Y técnicamente ya tengo nuevo trabajo. Aunque mañana me lo tengan que confirmar.

Cambio de ciudad, de trabajo, de casa, de vida...


Este poster quizá decore nuestro salón...


Todo lo que se avecina parece nuevo y excitante. Ayer hicimos un anticipo de celebración etílica con un vino estupendo. Sólo tenía ganas de saltar y saltar. El catálogo del Ikea está ya sobadísimo.

No sé exponer con claridad la alegría, el acojone, las ganas de empezar y la ilusión que me embargan. Quizá mañana esté más tranquila y en mejores condiciones para traducirlo en palabras.

jueves, 5 de octubre de 2006

Ice cream on the road

Cada día el autobús va más abarrotado de gente por las mañanas. Últimamente, como hoy, me toca ir de pie todo el trayecto, en medio del pasillo, cosa que pone en seguida a trabajar a mi macabra imaginación y veo al conductor dando un súbito frenazo y mi cuerpo volando hasta que mi cabeza se estrella contra el parabrisas delantero. Todo eso sólo ocurre en la película gore que yo me monto, claro. Soy así, no lo puedo evitar.

Nick Cave me susurra al oído. Amanece sobre la autopista colapsada de coches (con un solo ocupante en su mayoría) y en el cielo las nubes parecen dos bolas de helado de yogurt con cerezas (uno de los placeres que más echo de menos de la extinta Malania) flotando plácidamente sobre un mar de crema dulce.

Pienso en muebles de Ikea y en posters de Pearl Jam que pudieran hacer un poco nuestro el piso que fuimos a ver ayer. Era grande, luminoso y barato tal y como están las cosas (eso quiere decir que sigue siendo caro para nuestro presupuesto, aunque es lo que hay), pero a primera vista y casi sin muebles no parecía muy acogedor. Pienso en alfombras de sisal, de rafia o de fibra de coco para tapar aquél suelo tan horrible... Y pienso que necesito cambiar de trabajo ya, necesito ganar más para enfrascarme en esta nueva aventura. Y voy a hacerlo. Hoy me siento optimista.

En el cielo una de las bolas de helado de yogurt con cerezas se ha derretido alrededor de la otra y ahora parecen un sombrero de cowboy de color irisado que recuerda increíblemente al que Mikel suele llevar al Azkena.

El fin de semana se presenta emocionante. Mañana, si nada lo impide, veré a Ben Harper en su concierto de Badalona, que promete ser genial. El sábado es el cumpleaños de mi amiga Paula (hasta ahora “pe punto”), cenaremos en un italiano, bailaremos y nos reiremos. Eso me recuerda que aún tengo que acabar de preparar uno de los regalos y que me he dejado el estuche de “recorta, pega y colorea” en casa. El domingo iremos al Festival de Cinema Fantàstic de Sitges a ver la última excentricidad de Takashi Miike y disfrutar del ambientillo cinematográfico...

Las nubes son ahora un borrón anaranjado, ni rastro de sombrero, ni de bolas de helado, ni de ninguna forma reconocible.

El autobús enfila la rotonda de Glorias y entramos en Barcelona. Casi una hora para hacer 30 kilómetros. Nick Cave canta “aaaaleluuuuya”...

miércoles, 27 de septiembre de 2006

Nigel y Alistair

Por fin he terminado el cuento macabro que tenía entre manos y que no acababa nunca (los menores o los muy aprensivos que se abstengan de leerlo). Lo he acabado esta tarde pero Blogger ha decidido dejar de funcionar correctamente e impedirme colgarlo hasta ahora. He avanzado a trompicones pero con la idea clara desde el principio. De modo que está mucho más pulido, retocado y maquilladito que las chapuzas que acostumbro a hacer.

Roger había ilustrado ocasionalmente alguno de mis cuentitos pero esta vez he seguido el proceso contrario: he inventado una historia a partir de unos personajes que él dibujó hace tiempo y que desde que los vi me gustaron muchísimo e imaginé ingleses (sonrisa inglesa, si son seguidores de los Simpsons sabrán de qué hablo). El dibujo inspirador está al final, no lo vean hasta acabar de leer para no estropear la sorpresa final...


Nigel y Alistair


En la relativa seguridad oscura, fría y aséptica, llena de ecos y toses del hospital, la asaltaba aún de repente, en medio de la noche, ese olor que le revolvía las entrañas. La sacudía entonces una brutal náusea y la dejaba temblando, bañada en sudor helado, la cena a medio digerir arrojada sobre las impolutas baldosas blancas del suelo. No era un olor real, sólo recordado, pero le llegaba con tanta fuerza como si algo físico la golpeara en el estómago.

Era un olor a carne en descomposición, a sucia humedad, a peluche en un basurero, a bayeta usada y mojada, a perro callejero bajo la lluvia. Y cuando cerraba los ojos con fuerza y dejaba de respirar se daba cuenta de que no podía alejarse de ese olor porque sólo estaba en su cabeza. Y volvían las imágenes de aquél perturbado demente rodeándose a sí mismo con los brazos metálicos forrados de andrajosa imitación de visón que pudo ver cuando escapaba. Su hermano se los había construido, en una burda y penosa imitación de un abrazo maternal... O sensual. Y era ese el olor que recordaba, el de aquellos brazos artificiales, empapados en lágrimas, saliva, semen y sudor agrio durante años.

Sólo había empezado a ser consciente de lo que le estaba pasando cuando la arrojaron al desagradable escondrijo que sería su morada casi un año entero. Sin que pudiera ver a sus raptores la dejaron en el sótano, encerrada con las ratas en la más completa de las oscuridades. Como su padre era un importante empresario supuso que pedirían un rescate, pero cuando a pesar de sus llantos y gritos nadie vino a darle de comer en tres días y tuvo que beber agua de los charcos de filtraciones y hacer sus necesidades en un rincón pensó que quizá se habían olvidado de ella. Se imaginó que moriría allí de hambre, de un modo lento y horrible, o que tendría que sobrevivir cazando y comiéndose crudos a los asquerosos roedores que oía corretear por las esquinas. La realidad fue mucho peor que eso.

Alistair, el mayor de ellos, aquél despreciable gordo psicópata de mirada terrible, inteligente y cruel, bajó al fin a verla con una escudilla repleta de un apestoso engrudo humeante que le tiró a los pies ofreciéndoselo a modo de comida. No se sentía con fuerzas de ser orgullosa o remilgada de modo que comenzó de inmediato a devorar la pasta con las manos. Él emitió una enervante risita asmática y empezó a hablar pausadamente, como quien establece los términos de un contrato, con una espantosa serenidad. Le contó que era afortunada puesto que su hermano Nigel la había escogido a ella. Que había hecho cosas malas en el pasado y por eso tenían que esconderse pero que era un buen chico si no se lo ponía nervioso. Que Nigel necesitaba una mujer y que ella iba a ser buena con él. Le explicó que cuando era pequeño a Nigel le encantaba romper las patas traseras o la parte inferior de la columna a los perros y gatos que encontraba sólo por diversión, por el placer que le proporcionaba ver cómo se arrastraban luego. Y que esperaba que ella se portara bien y no le diera ni a él ni a Nigel razones para acabar arrastrándose como aquellos perros. La avisó de que era imposible escapar porque en 50 kilómetros a la redonda no había ningún ser vivo y que desearía morir antes de lo que le esperaba cuando la atrapasen si intentaba huir porque, que no tuviera ninguna duda, la atraparían. “Ninguna ha escapado nunca”, remató antes de irse.

Nigel iba cada noche al sótano a verla. Era alto y musculoso, macizo como un roble y, si la cara es el espejo del alma, la suya, por lo poco que dejaba ver la solitaria bombilla colgada del techo, estaba podrida hasta la médula. El primer día trajo un colchón de espuma y una manta que dejó allí para ella, como un regalo. Al principio sólo se sentaba a su lado y la rodeaba con sus brazos, y ella procuraba estarse muy quieta, llorando y temblando como una hoja. Él gruñía e imitaba sus gemidos como en un juego macabro. Se quedaba casi toda la noche y la acunaba adelante y atrás con un movimiento autista susurrando “Mamá ya está aquí... Mamá ya está aquí...” Pero Nigel no se conformó con eso...

Una noche le tocó los pechos de forma torpe, rápida y furtiva, como si le quemaran las manos. Se apartó un poco y cuando ella quiso saber si se había ido lo vió masturbándose violentamente. Se marchó de inmediato y la dejó algunos días en paz pero supo que no duraría. Cuando volvió no venía solo. Alistair la amordazó y le aguantó los brazos por detrás mientras Nigel le ponía en la cabeza un saco hediondo y la violaba salvajemente. Duraba apenas unos minutos y cuando acababa, entre bufidos, llamaba a su mamá. Lo repitió cada noche durante meses.

A medida que Nigel fue tomando confianza en su fuerza hercúlea y ella vio que resistirse era totalmente inútil y era mejor dejarse hacer ya no necesitó la ayuda de su hermano para someterla. Alistair nunca la tocó en ese sentido, pero ella sabía que invariablemente permanecía mirando desde la puerta, dominando y contemplando el espectáculo desde lo alto de las escaleras que bajaban al sótano. Por su mirada siempre sospechó que Alistair obtendría más placer cortándola poco a poco y concienzudamente en pequeños pedacitos sanguinolentos. Y seguramente lo hiciera cuando Nigel se cansara de violarla sistemáticamente. Sólo esperaba ansiosamente su turno. A través del saco sólo veía su enorme figura a contraluz pero casi podía imaginar sus minúsculos ojos sádicos fijos en ella, brillando como ascuas. Lo mejor era no mirar, intentar alejarse de su cuerpo para no sentir nada. Y contener las nauseas. Sabía por experiencia que las cosas podían ponerse muy feas si vomitaba...



Volvió al presente con un sobresalto y vio que tenía los nudillos de las manos blancos de apretar los puños y las palmas ensangrentadas de calvarse las uñas en ellas. Una vieja costumbre de su encierro que le costaría abandonar. Consultó el reloj de la pared. Sólo eran las cinco de la mañana y sabía perfectamente que hasta que no avisara a una enfermera que le trajera unas drogas milagrosas sería incapaz de dormir. Como cada noche. Y por la mañana vendría aquél inspector que decía ser psicólogo y la torturaría haciéndole más preguntas, haciéndole recordarlo todo.

Pero ella no quería recordar, no quería pensar que si estaba allí era porque Nigel apareció de improviso una tarde y la liberó a espaldas de su hermano, que debía haber salido. “Tú no eres de él, mamá”, le dijo con su voz gutural y, por la forma en que pronunció la última palabra, ella entendió por qué lo hacía. Nunca antes le había dirigido la palabra. No quería ni ver la cicatriz de su vientre, no quería ni imaginar cómo podía haber un dios que lo hubiese permitido, que permitiera a aquél engendro tener descendencia. Cómo aquél bebé se podía haber gestado en su útero en aquellas condiciones y cómo se lo habían arrancado... Pero sobre todo cómo podían estar criando a esa criatura aquellos dementes. Aquél bebé que cada noche, en sus sueños provocados por somníferos, oía llorar desconsoladamente. Su bebé...


Vean la estupenda ilustración AQUÍ.
Gracias una vez más, Roger.