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domingo, 9 de octubre de 2005

En el andén

Cada día hacía el mismo recorrido en tren. Cada día lo veía sentado en su silla de ruedas, tomando el agradable sol de la mañana. Cada día él sonreía al ver pasar el tren y, con la confianza que le daba que él no tuviera ni idea de su existencia, lo miraba y sonreía también.

Al principio no le dio demasiada importancia, pero cada día esperaba con especial emoción aquél momento, aquél cruce de sonrisas ignorante la una de la otra. Y los días se sucedían como páginas en blanco del trabajo a casa y de casa al trabajo, y, poco a poco, el único aliciente de su vida fue verlo sonreír en el andén cada mañana desde el tren.

De pronto una mañana de primavera él ya no estaba. Y pasaron días y semanas en los que buscó cada día con la mirada en el sitio donde solía estar pero ya no lo vio más allí. Así que lo dejó todo (trabajo, familia, amigos) y dedicó su vida a buscarle. El amor es extraño a veces...

Tardó más de un año en encontrarle. Empezó buscándole por las calles cercanas a la estación, después en el barrio, en la ciudad y en el país entero. Preguntó a jefes de estación, porteros, dependientas, barrenderos y abogados, ayuntamientos y hospitales. Pero los datos que podía dar no eran muy precisos (solemos ser un nombre, un número, un domicilio, no una sonrisa) y sólo obtenía por respuesta encogimientos de hombros y miradas esquivas. Al final fue la casualidad, causante de las peores y de las mejores cosas, la que hizo que se encontraran. La vida es extraña a veces...

Nunca se había planteado qué le diría cuando estuvieran cara a cara. Era difícil explicar lo que sentía por él, lo que había hecho que su loca búsqueda fuese la razónd e su existencia. Por supuesto había imaginado infinidad de veces el encuentro pero nunca había palabras, sólo un cruce de sonrisas y la comprensión instantánea. En sus sueños, después de ese momento, ya nunca se separaban e iban juntos a pasear, ella empujando felizmente su silla, respirando con placer el aire limpio y fresco de la mañana, atendiendo solícita sus peticiones. Iba a cuidar de él siempre...

Cuando lo vio por azar en una céntrica cafetería las cosas no sucedieron como había imaginado. Estaba asomado a la barandilla de la terraza, en la segunda planta del establecimiento, mirando a la gente pasar. Al reconocerlo comenzó a esbozar la más grande de las sonrisas pero se le heló en los labios al comprobar que él estaba de pie. Se sostenía sobre sus piernas, ni rastro de la silla de ruedas. Un gesto de dolor imposible de describir se dibujó en su cara cuando por fin comprendió.

Subió al segundo piso con grandes zancadas, se plantó frente a él y le miró con ira. Incomprensiblemente ella esperaba excusas, esperaba explicaciones. En cambio él sonrió abierta y amablemente a aquella mujer de expresión furiosa a la que era la primera vez que veía en su vida. Esa sonrisa fue la que desató su furia, el último tirón que rompió el fino hilo que la unía a la cordura. Se abalanzó sobre él y lo empujó hacia la barandilla con un gruñido animal, arrojándolo al vacío. Fue sencillo: la baranda no era muy alta y ella tenía la fuerza que da una ilusión vivida durante más de un año y destrozada en menos de un minuto.

Y mientras lo veía precipitarse, como a cámara lenta, todo cobró de golpe una extraña lógica demente, un nuevo sentido. Se le ocurrió que quizá así él volvería a su silla de ruedas y ella podría pasearle, respirando el aire limpio y fresco de la mañana, y cuidar de él siempre...

El amor es extraño a veces.

19/12/2000

4 comentarios:

Blackstar dijo...

solemos ser un nombre, un número, un domicilio, no una sonrisa... que cierto

Lo que para nosotros se convierte en una seña de identidad inequívoca para otra no significa absolutamente nada. Es lo que hace al amor maravilloso.

Anónimo dijo...

Me ha gustado, sí señor. Cuando he visto para donde iba el relato me ha asltado un flash circular Lynchiano en el que él está en silla de ruedas porque ella le ha empujado al vacío.

Troutman dijo...

Qué bien! Ahora que ya no se puede hacer en el foro, lo puedo decir fuera de él.

El de antes era YO

Nuala dijo...

Una muestra más de amor enfermizo.

Eso del flash circular intentaba estar implícito en la estructura, me alegro de que se capte. Lo escribí hace bastante pero lo he recuperado y revisado hace unos meses.