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miércoles, 12 de octubre de 2005

Escritura terapéutica para enfrentarse al pasado

Ahora ya casi no te guardo rencor. Ya no. Entiendo lo que hiciste, entiendo quizá el por qué. Ahora, si pienso en todo lo que ha pasado, sólo me siento profundamente decepcionada.

Cuando por fin he entendido que el porqué que siempre te pedí (no pedí mucho más), que esa razón aparentemente inexistente, que me impedía entenderlo y aceptarlo, quizá sólo fue que se te acabó el amor, que dejaste de quererme; cuando por fin he entendido eso, me sigue decepcionando tu actitud ante el problema. No sé cómo habría reaccionado yo. La verdad es que alguna vez me había planteado lo horrible que sería si, sin saber cómo, hubiese dejado de quererte y la relación se hubiese roto por mi culpa, lo terríblemente culpable que me sentiría. En eso te compadezco. Pero creo que yo habría sido más sincera, brutalmente sincera, si lo prefieres. Casi tuve que perseguirte e instarte para que me dijeras "ya no te quiero". Y eso es cruel. Después de más de seis meses de luchar yo sola para salvar algo que aún no creía perdido. Seis meses o más de lágrimas, de esperanzas rotas, de ilusiones vanas, de no querer rendirme pese a las evidencias... Si no me lo dijiste antes para evitarme dolor creo que te equivocaste. Si fue porque no lo tenías claro fue una falta de consideración. Sabías que te esperaba, aún sin palabras te esperaba... Y sabías que no eran sólo palabras cuando dije que de mí tendrías lo que quisieras. Y esperé, esperé y esperé cuando ya no había nada que esperar... pero no podía esperar para siempre. Mi vida, como la tuya, tenía que seguir sin ti.

Me decepcionó tu actitud al saber que estaba con alguien y me decepciona tu actitud de ahora, tras tanto decir que seguiríamos siendo amigos, que mantendríamos el contacto, que yo había sido la persona más importante en tu vida y que era impensable que algún día no nos habláramos. ¿No te da vergüenza? Si ahora ocurre precisamente eso es porque tú lo has querido. ¿Tienes tus razones? Sea como sea es muy egoísta. Quizá con el tiempo, podamos ser amigos como dijimos (al menos yo lo dije sinceramente) pero parece cada vez más difícil. Si prefieres perderme de vista para siempre allá tú. Tus palabras de entonces resuenan como mentiras. Vuelvo a repetir lo que, en un inusitado arranque de autoestima impropio de mí, ya te dije por teléfono: si no me quieres en tu vida, tú te lo pierdes. Ya no te necesito. Me ha costado mucho tiempo y mucho dolor poder decir eso. No más.

Ahora ya sé que el amor se puede acabar, que el tuyo se extinguió como una vela. Da miedo. Te doy las gracias por ese miedo y esa decepción. También te doy las gracias por tantas cosas buenas que vivimos juntos a lo largo de más de siete años. Ahora los veo como años de formación y ahora veo que, en muchos aspectos, nuestra relación no era tan madura como creíamos. Gracias a que acabó ahora sé que puede ser aún mejor, con alguien que se entrega por completo como yo.

Ya tienes tu libertad, ya tienes tu nueva vida, la que querías, la que tú has escogido. Y dices que no eres feliz. No me gusta esa actitud derrotista, no te queda bien. Parece que creas que nunca vas a poder amar a alguien de nuevo como me amaste a mí. Yo también lo pensé al principio pero, ahora lo sé, estaba totalmente equivocada. Ojalá tú también puedas darte cuenta del error. Deseo que seas feliz como yo lo soy ahora. Solo o junto a alguien, como lo prefieras.

Esta no es una carta de disculpa, no creo que tenga que pedir perdón por nada. Si el tiempo volviera atrás actuaría exactamente igual, de principio a fin. Me siento orgullosa de cómo me he comportado, de actuar siempre llevada por el corazón, de ser sincera hasta la médula, de haber luchado por amor. Tampoco es una carta de reproche, ya te dije todo lo que tenía que decirte, ya te lo dirás tú mismo con el tiempo, espero. Ni siquiera vas a leer nunca esta carta porque, a pesar de las apariencias, no va dirigida a ti, sinó a mí misma, a mi propia consciencia. Es, quizá, la última carta que te escriba, que me escriba respecto a ti.

Feliz nueva vida.
Feliz cumpleaños, Xoán.

¡Hasta siempre o hasta nunca!

4 comentarios:

Blackstar dijo...

Casi siento que profano algo sagrado al decir algo al respecto pero... sólo decirte que me reconozco en tantas cosas... yo también me quedé en su momento con el orgullo de haber luchado hasta el final y de dar todo lo que tenía. Él también me prometió que seriamos amigos. Ahora tampoco es feliz del todo. Y a mi, me da absolutamente igual. Me costó años borrarlo, pero cuando se borró, supe que sólo era un pálido reflejo de lo que es el amor de verdad.

Troutman dijo...

Ni Jorge Bucay ni hostias, un blog para exortizar demonios. Al menos vosotras teneis suerte (es un decir) en poder guardarles rencor. Yo no tengo nada que reprocharle y, encima, todavía la quiero...con que, pues eso, que duele.

Pero dejaré el post del exorcismo para más adelante.

Nuala dijo...

Siempre me he enfrentado a mis demonios poniéndolos sobre un papel. Y funciona. Recomiendo el ejercicio (en público o en privado).

A medida que pasa el tiempo va importándome menos todo lo que se refiere a esta persona y me voy dando cuenta de que lo tenía todo muy idealizado. Ahora que puedo comparar veo que nada era tan perfecto. Me siento muy afortunada de compartir mis sueños y mi vida con quien los comparto ahora...

Pero si no hubiera luchado hasta el final por salvar aquella relación (aunque no sirvió para nada) ahora no tendría la conciencia tranquila como la tengo. Estar en paz con uno mismo y con nuestros principios es una de las claves de la felicidad y la serenidad.

Coraline dijo...

Niña!! qué te puedo decir que no sepas ya?

Muchos besos