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lunes, 3 de octubre de 2005

París, 1963 (Alfred Eisenstaedt)


La pregunta que me asaltó nada más ver esta maravillosa fotografía por primera vez es evidente: ¿qué estarán viendo estos niños? Supongo que es lo primero que piensa cualquiera al ver sus caritas de auténtico asombro, de auténtica sorpresa, de real fascinación. Pero, tras una corta reflexión, se hace evidente que eso es lo de menos. El autor no nos lo revela ni en la obra ni en el título. Quizá es mejor no saberlo, quizá lo importante de esta foto no es el por qué sinó el hecho en sí, la capacidad infantil de sorpresa y asombro respecto al mundo que les rodea.

Todas las personas adultas que me interesan por una u otra razón, todas las personas adultas a las que admiro, que me fascinan, con las que me gusta estar y mantener conversaciones conservan esa facultad infantil tan increíble y única. Y me gusta pensar que yo también la poseo e intentaré no perderla jamás. Porque esa capacidad te hace mantener los ojos bien abiertos, te hace ser curioso, creer en las sorpresas que esperan a la vuelta de la esquina; te hace, en definitiva, ver el mundo como un sitio mágico y fabuloso.

Al nivel de ensoñación del que hablo un árbol siendo atravesado por los rayos del sol puede ser lo más fascinante y hermoso del día. Y a ese nivel es lógico hacer miles de kilómetros para disfrutar la experiencia única de ver tocar a un grupo de música al que adoras, o es lógico llorar con un cómic, emocionarse hasta extremos inimaginables con un libro, estremecerse con el pasaje de una película o con una canción... Hablo del nivel de las caras de los niños de la foto, creo que algunos y algunas ya saben de lo que hablo porque lo han experimentado.

Quiero que mi vida esté rodeada de esos niños- adultos o adultos- infantiles. Quiero rodearme de individuos con el síndrome de Peter Pan y no quiero superar el mío propio. Quiero llenar mi mundo de magia y de gente que sepa ver las maravillas que nos rodean como las veo yo.

Tras decidir que escribiría sobre esta fotografía pensé buscar en internet su orígen, cómo se hizo, dónde, es decir: averiguar qué están mirando exactamente esos niños. Pero ahora ya no quiero saberlo. Están mirando la cosa más mágica del universo. Que cada uno busque su propia conclusión y encuentre las cosas que le hacen emocionarse como a los niños de la foto.

5 comentarios:

Blackstar dijo...

Sabes una cosa Nuala? El otro día alguien me contó lo que hace con su sobrino cuando viene de vacaciones a su casa. Le monta la tienda de campaña en el salón, y por las noches duermen ahí, en plan explorador. Me encanta que un adulto sea capaz de hacer esas cosas, de disfrutar y de seguir haciendo partícipe a la gente de su imaginación. Esa parte infantil que todos tenemos es un tesoro. Y la foto es una maravilla. Es perfecto no saber que es lo que están viendo.

Riddle dijo...

Siempre he tenido miedo a pensar que en el futuro perdería todo aquello que merece la pena en la infancia. Durante años he pensado que los adultos eran cínicos, grises y bruscos para este tipo de cosas. Sin embargo, supongo que no es tan difícil envejecer con creatividad. Al menos espero que dentro de diez años pueda seguir pensando igual.

Nuala dijo...

Hace algunos días, volviendo por la noche de tomar algo con Roger, pasamos junto a unas macetas y vi un caracol paseándose. Me paré en seco, me agaché y le toqué los cuernos para ver cómo se retraían. Me encanta.

Ser adulto no significa dejar de hacer las cosas que te gusta hacer, por puro placer, como lo que describe Amélie de meter la mano en un saco de alubias o romper el caramelo de la crema catalana...

Si alguien lo considera infantil, él se lo pierde. Yo disfruto con esas cosas.

Troutman dijo...

Yo prefiero haberme instalado en la edad del pavo, ya habrá tiempo de volver a la infancia cuando tenga 80. De todas maneras sí que es evidente que la gente se toma la vida demasiado en serio.

si la foto fuera más actual diría que están viendo a Bisbal

Nuala dijo...

¿Y no es la edad del pavo precisamente esa en la que deberíamos ser adultos pero nuestra parte infantil se resiste a dejarnos?

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