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viernes, 4 de noviembre de 2005

Diario de París: viernes, 21 de octubre.


Definitivamente me gusta mucho más Orsay que el Louvre. Sin duda el cansancio tenga algo que ver con ello (y mis gustos en cuanto a pintura mucho que ver con ello) pero hoy en el Louvre he tenido una terrible sensación de acumulación de esculturas y pinturas hasta el colapso y de odio infinito hacia un cuadro más de temática religiosa o anterior al siglo XIX.

Ya veníamos preparados y dispuestos a saltarnos las partes que no nos interesaran demasiado porque ver el Louvre entero en tan sólo un día es una odisea imposible. Sin embargo tengo la impresión de que:

a) hay demasiados cuadros (sobre todo de pintores franceses) primando cantidad a calidad en ocasiones (¡oh, sacrílega!).

b) el orden de las salas es caótico y hace casi imposible y maratónica una posible visita cronológica en condiciones.

c) el museo está claramente orientado (con un tiquet de entrada específico para ello, incluso) a los visitantes que vienen en masa (poderoso caballero es don dinero) a ver la decena de joyas principales de la colección, esto es la Mona Lisa, la Victoria de Samotracia, La balsa de la Medusa, la Venus de Milo, etcétera...) pero que se van sin ver nada más. Los demás nos jodemos.

Y, para acabar de redondear mi opinión sobre este gran museo, la Gran Decepción: por segunda vez (me ocurrió lo mismo hace diez años, no me puedo creer mi mala suerte) tenían cerradas la mayoría de salas del Egipto faraónico. Ni Champollion ni ostias. Van a construir una nueva ala dedicada al arte del mundo islámico y gracias a las reformas (y quizá a que era viernes) me ha tocado pagar el pato. Casi lloro de la rabia. No me lo podía creer. Quizá hubiese sido la parte que más me habría gustado y me vuelvo a ir sin verla entera. Leo que "el Louvre siempre tiene el 25% de las salas cerradas por falta de personal". Pues vaya gracia. Consulten aquí antes de ir.

Total, que al final te obligan a seguir un recorrido que, en todo momento, te recuerda con cartelitos hacia dónde debes ir para ver la Gioconda (llega un momento en que ya la odias, al igual que a Dan Brown, y ni la miras al llegar a ella). Un recorrido que te obliga (a menos que vayas cambiando de ala y de piso constantemente) a ver primero todas las esculturas (casi en batiburrillo) y luego todas las pinturas, alternando alegremente salas del siglo XVIII con obras de antes 1300. Un recorrido donde sabes perfectamente, antes de llegar a ellas, dónde están las obras más relevantes sólo por el mogollón de gente parada delante de ellas y de japoneses haciendo fotos (el caso de la Venus, a la que en hicimos una foto en la que salen más fotógrafos que delante de la clínica Ruber el día del nacimiento de la infanta). Un recorrido que agota, que te hace aburrir el museo y te hace acabar caminando zombie por las salas sin poder asimilar una tela más.

Sería muchísimo más agradable de ver si, como el Orsay, estuviera organizado de manera que pudiera visitarse cronológicamente (más o menos). O quizá el fallo sea nuestro y deban dedicársele tres días. Un museo soberbio en un gran palacio, un marco increíble... y que canse hasta casi asquear. Sobreexposición, supongo. Con días para saborear sus increíbles salas muchas telas tendrían un matiz interesante que no supe verles. Una lástima.

He comprado la postal para E. (quería la Victoria de Samotracia) y tengo que escribirla, junto a la de P. (que compré antes de ayer) para enviarlas ya e intentar que lleguen antes que yo. A ver si tengo un minuto...

Me encanta el cartel del mítico cabaret de Le Chat Noir. Cuando paseamos por Pigalle pasamos por delante del café tal y como es hoy en día: un auténtico horror para turistas, tristemente parecido a un bar de las Ramblas pero sin sangría. A pesar de ello el cartel es precioso. Es un icono turístico, lo sé. Lo he visto en bolsos, tazas, camisetas, delantales, imanes para la nevera... Pero me encanta. Lo quiero en alguna de sus formas.

Contrariamente a lo que pensaba y creí ver impreso en algún sitio (supongo que haciéndolo más atractivo para los turistas) el diseño original del cartel no es de Toulouse-Lautrec sino de Théophile Alexandre Steinlen. Otro caso más de artista injustamente ninguneado respecto a su obra. Cartelista, pintor y humorista gráfico del art nouveaux cuya obra se publicó, mayoritariamente, en la propia revista del cabaret Le Chat Noir.


Amor y Psique,
Antonio Canova
Empiezo a escribir este diario en diferido. Durante el día no tengo ni un sólo minuto libre. Volvemos al apartamento únicamente para comer/ cenar/ dormir. Pasamos el día entero caminando y por las noches estamos tan agotados que casi no nos quedan ganas para nada que no sea quedarnos abrazados bajo el edredón y dormir... Y por las mañanas hay que levantarse temprano para desayunar, ducharnos y ver más cosas estupendas.

Hoy puedo decir que estoy agotada, completamente agotada. Mi cuerpo no se recupera con dormir unas nueve horas cada noche. Espero acostumbrarme al ritmo pronto. Estoy en baja forma.

4 comentarios:

Troutman dijo...

Yo me quedo mil veces con Orsay porque, para empezar,prefiero mil veces tanto el contenido como el continente. Para museos mastodónticos me quedo con el Metropolitan o el British. Apunto.

Oriol tiene una taza del Chat Noir. A mi no me dice nada

Blackstar dijo...

Coincido en lo del museo. Yo también sali aborrecida, es imposible ver nada en condiciones y además me saturó de mala manera. Quizá tiene que ver también con lo que dice Troutman, el contenido.

Tighten my corset dijo...

Hola,

Jooo que ganas tengo de conocer Paris pero me temo que por ahora tendrá que esperar. Creo que es una de mis asignaturas pendientes juntos con Praga.

Un beso

Nuala dijo...

El próximo viaje también espero que sea a Praga. Allí está el museo del artista checo Alphonse Mucha... http://www.mucha.cz/

El Metropolitan y el British los tengo en mi lista.