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lunes, 27 de marzo de 2006

Nuevas ideas o perder el miedo


Mi Moleskine:
Formato : 9 x 14 cm Cubierta rígida negra de cartoné con puntas redondeadas • Goma elástica para cerrar • Marcador de páginas Hojas de papel sin ácido • Bolsillo expandible en el interior, hecho de cartón y tela • Fabricada en Italia • 192 páginas.

Tiene el tamaño apropiado para caber en el bolsillo trasero del tejano y el peso justo para no molestar. Es resistente y me encanta su tacto. Discreta, sin excesos de diseño, elegante. Cuando la abres se mantiene en la página sin que el lomo acuse el esfuerzo, y permanece siempre perfectamente cosida. Es un objeto hermoso en sí mismo que hay que honrar con lo que plasmas en ella...

Acabé mi primera Moleskine hace más o menos un mes.

R., quien también me regaló la primera, me ofreció la segunda el día de nuestro aniversario. Venía con canción y dibujo. Sin embargo aún no he podido empezarla. O no he sabido.

En esta quiero que haya más dibujos (también míos), quiero que se respire más espacio... Recuerdo cómo me costó empezar la primera, hasta que me decidí por una cita y un dibujo de Le Petit Prince... Me daba pavor y respeto. Ese aura de objeto especial, el peso de tantos genios de la literatura o de la pintura que dicen que la utilizaron en el pasado me abrumaban... Como si escribir o dibujar en ella cualquier estupidez fuera malgastar una página e insultar a los poetas muertos. Sigue siendo una libreta de notas como otra cualquiera, pero la fama que se le atribuye hace que de el doble de miedo el enfrentarte a la página en blanco. Por eso las primeras de ellas en mi primera Moleskine son de citas... ¡Qué cobarde, amparándome en el recurso de autoritas!

Esta va a ser diferente... Me atreveré a mancillarla mucho más, a no apretar la letra como si me diera miedo terminarla algún día, a intentar dibujos a lápiz. Quiero dibujar el árbol viejo y retorcido que hay delante de la casa de Foixà. Quiero usar colores. Me gustaría enganchar más cosas, hacer collages e intentar volver a dibujar esbozando tonterías. Sé que puedo hacerlo, cuando era más pequeña lo hacía... Sólo es perder el miedo, recuperar seguridad, practicar, como dice R.

Mi vergüenza me impedirá enseñarlo, por supuesto. Y no se perderán mucho, eso ténganlo por seguro. Pero me hará feliz intentarlo. Nunca seré una gran escritora y tampoco una gran dibujante, no me engaño (y no lo digo para que alguien me lleve la contraria diciendo "nooooo, pero si lo haces muy bien..."), pero creo que lo verdaderamente hermoso es el tiempo que pasamos intentándolo, la satisfacción personal que te da acabar algo y sentir que tú lo has creado.

¿O preferís cuando vuestra obra es alabada? Supongo que el elogio también está presente siempre, de lo contrario no haríamos pública nuestra obra, ¿no?

5 comentarios:

Roger dijo...

Y porque no la empiezas con esto?

Cuando tengo delante un papel en blanco y no sé que dibujar, cojo el lápiz, lo pongo en medio de la página, cierro los ojos y hago garabatos. Así consigo una página que ya no es virgen y con un montón de lineas que me dan ideas estúpidas.

No sé cuál sería la traducción para escribir, imagino que escribir cualquier cosa puede servir, ni que sea la lista de la compra. La libreta es para que escribas en ella y la maltrates como quieras, no para que la admires.

Nuala dijo...

>Y porque no la empiezas con esto?

¡Buenísima idea!
;-D

kar dijo...

nooo, si lo haces muy bien ...

:-)

no he podido evitarlo!

Bandida dijo...

Bueno, cuando enseñamos algo es porque estamos realmente satisfechos de lo que hemos escrito (o dibujado o lo que sea)
Hmmm que yo trecuerde a mi no me ha ocurrido jamás! jaja

En cuanto al tema de los cuadernos, empieza a picarme la curiosidad: hace poco, leyendo un libro de Paul Auster, un escritor compraba un cuaderno "Portugal" y también lo describía con admiración, como si fuera algo especial... Yo nunca los había visto así, siempre los maltraté sin darles mayor importancia... pero creo que un día de estos me voy a acercar a una papelería a observarlos de cerca, a ver si alguno me dice algo ;)

Nuala dijo...

Creo que la historia de los cuadernos "Portugal" de la tienda del chino Chang en el libro "La noche del oráculo" de Paul Auster está inspirada en Bruce Chatwin (autor de Los trazos de la canción y de La alternativa nómada) quien, al saber que las Moleskine no se fabricarían más, compró más de cien, todas las que pudo encontrar.

Es hermoso amar tu cuaderno, hasta cierto punto. Y también es un poco snob, supongo.