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sábado, 12 de noviembre de 2005

Diario de París: lunes, 24 de octubre.

Ayer atasqué el fregadero de la cocina. Eché las sobras de la sopa y, de repente, dejó de tragar agua. Juro que no había echado nada más allí, me extrañó que se atascara tan facilmente. Así que el plan hoy era descansar un poco por la mañana, hacer unas últimas compras y luego ver si se puede resolver, ver si Roger puede arreglarlo, más que nada. Hay un montón inmenso de platos por fregar (parece mentira lo que se ensucia siendo sólo dos personas). Si no tiene arreglo no sé cómo nos apañaremos.

Afortunadamente no ha sido grave, Jean-Phillipe no va a matarnos. Bastó con desenroscar un filtro que estaba atascado con un montón de porquería que no era nuestra, que no eran las sobras de la sopa que yo había echado. Seguramente culpa de los anteriores inquilinos, unos americanos. ¿Quién es tan guarro como para tirar un bastoncillo de limpiarse los oídos en el desagüe de la cocina? Nos hemos duchado y hemos hecho un desayuno tardío y ligero.

Mi experimento para comer no ha salido mal del todo. Los bistecs a la mostaza de Dijon (esa mostaza había que usarla) no habrían estado nada mal si no fuese porque eran duros como suelas de zapatos, los puñeteros. ¡Eso nos pasa por comprar la carne en Intermarché! En la tele nos acompañan todos los canales de música por cable que encontramos, es lo único que vemos. Nuestro arrendatario nos enseñó orgulloso, el primer día, que había tenido el detalle de buscarnos Televisión Española internacional, al saber que veníamos de España. ¡Qué majo! Lástima que no nos interese nada de lo que emiten. No queremos ni ver las noticias. Estamos de vacaciones. Si vemos las MTV o VH1 es porque lo único que le falta al apartamento es un equipo de música y tenemos que suplir esa falta como podemos. Millones de listas diarias y, de vez en cuando, algo decente.

Por la tarde hemos dado un agradable paseo por uno de los parques menos turísticos de París, el preferido de muchos parisinos: el de Buttes-Chaumont. Hemos subido al templete de magníficas vistas, paseado por los caminos repletos de gente practicando footing, descubierto las cascadas, bajado hasta el lago (con patos y todo) en el que hay temporada de pesca, caminado por los senderos... Aquí vienen los parisinos a magrearse, a hacer botellón (sí, también existe), a fumarse unos porros y a correr. Un parque genuino, vamos. Quizá no sea el mejor parque del mundo, ni el más bonito, ni el más moderno o sofisticado pero para mí hoy ha sido el mejor.

Al volver hemos pasado de nuevo por Montmartre centro para ver si la fromagerie estaba abierta y comprar así los quesos que pensamos llevarnos. Estaba cerrada. Tendremos que venir mañana.

Empiezo a pensar en las cosas que nos dejamos por ver, porque mañana ya no tenemos tiempo de hacer ninguna visita. Pienso en el Barrio judío, en el Bois de Bologne, en los muelles, en el cementerio de Montmartre, en las librerías... París siempre merece otra visita.

Última noche en París... Quiero que durmamos abrazados.

P.S. Si algún astuto observador nota que en este día en París no hemos visitado casi nada es porque nos quedamos en casa practicando sexo. ¿No dicen que es la ciudad del amor?

Els teus silencis / Tus silencios


Bill Brandt, East Sussex, 1957


Pensava en els silencis...

De vegades es diu més amb un silenci que amb paraules. De vegades els silencis són tan importants com les paraules. Què no diem i per què. Quan callem, com callem, per què callem. Si és perquè no volem parlar. O perquè no sabem què dir. O simplement perquè preferim mantindre el silenci.

Un silenci pot ser tan bell com una paraula d'amor. Pot estremir i pot colpir, pot fer-nos sentir tan bé com un petó, ens pot abraçar, pot venir acompanyat d'un somriure comprensiu, d'una mirada dolça...

Tu m'has fet descobrir el valor dels silencis. Dels teus silencis. Dels nostres silencis.

Jo abans pensava que quan dos persones estan juntes els silencis s'han d'evitar. Parlotejava tota la estona per cobrir els teus silencis, no els escoltava. Pensava que eren incòmodes, que el silenci ens separava, que ens distanciava, i que jo havia d'anar deixant paraules dansant en l'aire per mantenir la comunicació, per seguir conectada a tu. Pretenia ser el que no sóc, una xerraira que no calla, per tapar el fet que ets silenciós de vegades. I ara sé que m'agrada que ho siguis.

Ara he apres a llegir-los, a apreciar-los, a estimar-me els teus silencis. Ara els escolto, els paladejo i els entenc. Formen part de tu. I els silencis que de vegades compartim els dos formen part de la manera com estem junts.

I amb un silenci em saps dir que m'estimes tant com jo pugui cridar-ho d'aqui a la lluna.

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Pensaba en los silencios...

A veces decimos más con un silencio que con palabras. A veces los silencios son tan importantes como las palabras. Qué no decimos y por qué. Cuándo callamos, cómo callamos, por qué callamos. Si es porque no queremos hablar. O porque no sabemos qué decir. O simplemente porque queremos prolongar el silencio.

Un silencio puede ser tan bello como una palabra de amor. Puede estremecer y emocionar, puede hacernos sentir tan bien como un beso, nos puede abrazar, puede venir acompañado de una sonrisa comprensiva, de una mirada dulce...

Tú me has hecho descubrir el valor de los silencios. De tus silencios. De nuestros silencios.

Antes pensaba que cuando dos personas están juntas los silencios se deben evitar. Parloteaba todo el rato para cubrir tus silencios, no los escuchaba. Pensaba que eran incómodos, que el silencio nos separaba, que nos distanciaba y que yo tenía que ir dejando palabras bailando en el aire para mantener la comunicación, para seguir conectada a ti. Pretendía ser lo que no soy, una charlatana que no se calla, para tapar el hecho de que eres silencioso a veces. Y ahora sé que me gusta que lo seas.

Ahora he aprendido a leerlos, a apreciarlos, a amar tus silencios. Ahora los escucho, los paladeo y los entiendo. Forman parte de ti. Y los silencios que a veces compartimos los dos forman parte de la manera en la que estamos juntos.

Y con un silencio me sabes decir que me amas tanto como yo pueda gritarlo de aquí a la luna.

viernes, 11 de noviembre de 2005

No Rain


Dave McKean
Narcolepsy


All I can say is that my life is pretty plain

I like watchin' the puddles gather rain

And all I can do is just pour some tea for two

and speak my point of view

But it's not sane, It's not sane

I just want some one to say to me

I'll always be there when you wake

Ya know I'd like to keep my cheeks dry today

So stay with me and I'll have it made

And I don't understand why I sleep all day

And I start to complain that there's no rain

And all I can do is read a book to stay awake

And it rips my life away, but it's a great escape

escape......escape......escape......

All I can say is that my life is pretty plain

ya don't like my point of view

ya think I'm insane

Its not sane......it's not sane


BLIND MELON



Es curioso cómo la música, cómo una canción, puede hacerte cambiar completamente de estado de ánimo en un día lluvioso... Cambiar un día triste por uno alegre...

jueves, 10 de noviembre de 2005

Diario de París: domingo, 23 de octubre

Me doy cuenta de que he escrito poco y mal. Leyendo lo de los días anteriores me doy cuenta de que escribía cansada, sin ganas, como el escolar al que piden una redacción de lo que ha hecho en las vacaciones y se limita a enumerar de forma prosaica y descriptiva: "Hoy hice esto, esto y esto... y al día siguiente aquéllo y lo otro..." Lo que he escrito no tiene vida, no tiene sentimiento, no exhala ni transmite como me gustaría. Pero, como digo, no me extraña nada. En el estado en que escribía muchas veces lo raro es que mantenga la concordancia verbal.

Al ir escribiendo día a día, al momento, mis impresiones sobre París pretendía preservar la frescura, la espontaneidad de las ideas. Me equivocaba. Porque al intentar hacerlo lo que he conseguido es escribir por las noches, cansada, somnolienta, casi por obligación, deseando acabar para correr a brazos de Morfeo. Y de Roger.

Así que pensaré en las ventajas de escribir en diferido, cosa que ya llevo haciendo unos días. Las sensaciones intensas en ocasiones son difíciles de plasmar de manera inmediata. Necesitan de un reposo, de una racionalización, de pasar por el tamiz que da el tiempo y una cierta perspectiva. Una vez dejadas reposar (como la masa del pan, como una buena paella) esas sensaciones tan escurridizas están más ricas y se dejan atrapar mejor. Porque lo que abarcamos con nuestro raciocinio no es la sensación en sí (tan instantánea, tan carnal e imprecisa) sino el poso que esa sensación nos deja en el espíritu. Sacrifiquemos, pues, en este caso, la espontaneidad frente a la precisión y la perdurabilidad.

***********

La mañana de hoy la dedicamos a las visitas más típicas y evidentes.

Primero Arc du Triomphe. Un gentío impresionante, una cola increíble para subir y, si no recuerdo mal, unos 8 euros por ver el museo y subir a la plataforma. Hacemos algunas fotos (entre ellas la foto tonta de rigor ante la llama perpetua a la memoria del soldado desconocido).

Siguiente hito turístico: la Tour Eiffel. Disfrutamos del paseo junto al Sena, de los puentes, de los quai (muelles) pero al llegar... Más gentío, una cola aún más impresionante para coger los ascensores a las mejores vistas de París (aunque las de lo alto de Montmartre no le tengan mucha envidia). Cobran hasta por subir a pie por las escaleras. Roger y yo ya subimos en nuestros respectivos viajes anteriores y decididamente no merece la pena hacer la cola, la espera y la sensación de ser ganado bovino para subir de nuevo. Así que hacemos algunas fotos más y nos alejamos por le Champ-de-Mars. Nos encontramos con algo llamado Le mur pour la paix, una especie de pared de cristal con la palabra "paz" escrita en infinidad de idiomas. Inspirado directamente en el muro de las lamentaciones, hay pantallas y teclados apra que escribas tu mensaje pacifista. Puede también hacerse a través de internet.

Pasamos por Les Invalides, donde reposan los restos de Napoleón I, y atrajeron mucho más nuestra atención las bandadas de cuervos que parecen reunirse allí que el edificio en sí. Allí al lado está el museo Rodin y sus jardines. Yo ya estuve, pero nos acercamos para ver si está abierto con la intención de visitar al menos los jardines, pero es muy tarde (casi las dos) y estamos cansados y hambrientos y preferimos volver a casa. Vimos varias de las esculturas y la Puerta del Infierno en el Louvre y el Orsay. Tendrá que ser en el próximo viaje a París.

Por la tarde hemos ido a ver los pasajes y boulevards. Lamentablemente, al ser domingo, la mayoría están cerrados y, en los que podemos entrar, las tiendas están cerradas. Por ello el aspecto de los pasajes era dejado y desierto. No es que yo pretendiera encontrar el aspecto bullicioso que describen Benjamin, Baudelaire o Proust. Fue encantadoramente decadente y decepcionante al mismo tiempo. No sé cómo describirlo mejor.

Buscando un sitio donde tomar algo hemos llegado hasta la Ópera. Agotados, nos sentamos a descansar en un banco y, cuando comenzó a llover, decidimos volver en metro a nuestro barrio, buscar allí alguna cervecería y, si no la encontrábamos, volver a casa.


Roger Tallada
Una vez más nos sonrió la suerte porque, además de ser algo tarde para las costumbres lugareños (algunos bares cierran antes que las floristerías, sobre las siete y media) era domingo y aún así encontramos un agradable bar que también servía cenas en la rue Caulaincourt, muy cerca de la parada de metro Jules Joffrin, la más cercana a casa. Se llamaba Froggy's Bar Restaurant. Precios razonables y un buen sitio para sentarse un rato a tomar algo. En la tele hay un partido de fútbol que debe ser importante a juzgar por los gritos ("putaaaaaaain!") de la chica de la mesa de al lado. Roger hace su dibujo del día y saboreamos, sin prisa, nuestras cervezas antes de irnos a cenar.

miércoles, 9 de noviembre de 2005

Un mal día...


Death
por Chris Bachalo

A veces te levantas con el pie izquierdo.
O se te cruza un gato negro.
O una mariposa aletea en el sitio apropiado
y produce pequeños terremotos en tu interior.
Algo está intentando decirme alguien...

No puedo pensar en el futuro
sin que me aprese el puto presente.
Pegada
al suelo
no puedo volar.
Huir lejos...

Y siempre me digo:
si no te gusta, sólo cámbialo.
Y sobre el papel parece tan fácil...

A veces algo se rompe dentro
y aparecen todas las cosas
que deberías hacer y no haces.
Y te sientes un perro perdido
bajo la llúvia.

Delirium por Greg Spalenka

Ojalá lloviera
porque así tendría,
al menos, alguna razón para llorar...
Quiero oír la canción más triste
y abrir todas las compuertas
para poder empezar a nadar.

Cuando estás de rodillas
estás más cerca del suelo,
todo es más cercano...
Y es más fácil levantarse
y empezar la vida que quieres
y no la que tienes.

Siempre que sepas
exactamente
cómo escapar,
qué es lo que quieres.

lunes, 7 de noviembre de 2005

Diario de París: sábado, 22 de octubre

Llueve. Cada día un poco pero no demasiado. No como en Barcelona. Pero lo suficiente como para tener que salir cada día con paraguas. Sin embargo no hace frío. Esperaba usar todos los gruesos jerseys que he traído casi por exigencia materna, las bufandas, los gorros de lana, los calentadores... y al final he tenido que optar entre chaqueta o jersey. Tanto mejor, el tiempo es excelente y podemos andar por el apartamento en manga corta, la calefacción no va a ser necesaria en absoluto. Por las noches hasta tenemos que apartar el edredón de plumas porque nos asamos de calor (no lo he mirado, pero seguro que es 100% plumón de ganso nórdico). Duermo a su lado, sueño a su lado y con él, despierto a su lado...

Cementerio Père- Lachaise era el plan para esta mañana. Pero, antes que nada, una efusiva exaltación del Eros como contraposición a la parte de Thanatos que nos esperaba luego. Polvo al polvo...

[Aquí va un enorme spoiler privado sólo disponible en el "director's cut", sin ningún interés turístico, que les ahorraré a mis pocos pero fieles lectores.]

El de Père- Lachaise es un viejo cementerio entrañable y lleno de VIP's. Nada más entrar ya me enamoró por los panteones góticos familiares parecidos a mini-casitas para personajes de Tim Burton, por los árboles viejos y retorcidos y por los numerosos cuervos que lo habitan, que parecen puestos a propósito para crear ambiente aleteando y graznando de vez en cuando.

Sin demasiado respeto por los óseos habitantes (deben estar acostumbrados, porque el cementerio organiza hasta visitas guiadas) nos paseamos entre las tumbas y nos metemos entre los panteones para curiosear y hacernos fotos. Los familiares que vienen a visitar las tumbas (en el caso de los que aún tienen algún pariente vivo que los recuerde) no deben estar muy contentos con la cantidad de turistas que chafardean constantemente. O quizá sí, quizá es un orgullo visitar a alguien aquí. Vaya usted a saber. Vimos las tumbas de Chopin, Wallace (el de las fuentes), Proust (al que habían dejado notitas escritas que muy indiscretamente leí, espero que a Marcel no le importe), Edith Piaf, Victor Hugo, Comte, Oscar Wilde (a cuya efigie , ahora repleta de marcas de besos, unas señoras indignadas arrancaron hace mucho los testículos), Sarah Bernhardt, Molière (decepcionantemente abandonados ambos), Lafontaine... Pero la más decepcionante de todas fue la tumba estrella del cementerio, la de Jim Morrison. La única con una horrible barricada de vallas de tráfico que impedía acercarse a la lápida y un vigilante uniformado destinado únicamente a impedir que se te ocurriera saltarla. Al final el paseo fue más interesante por las tumbas anónimas que por las famosas: por las que se caían de viejas, por el "barrio judío", por las que las raíces de los árboles levantaban, por las que escondían botellas de cerveza, por las que irónicamente parecían haber servido de refugio amatorio, por las que ya apenas eran un trozo de tierra...



Esta foto tiene truco...


Cet midi nos hemos permitido el "exceso" de comer fuera. Buscábamos algo que no fuese turítico, un bistrot con un ambiente agradable, lleno de parisinos y donde se pudiese degustar comida casera típica sin pagar un precio desorbitado. Ha sido la segunda vez que buscábamos un restaurante de los recomendados en la guía (editada el 2005) y ni siquiera existe ya. Hemos decidido olvidarnos de las recomendaciones gastronómicas y seguir un poco nuestro instinto. Así que hemos escogido un bistrot- brasserie que parecía estar repleto de gente del barrio.

Aquí no hay menú como el que conocemos de primer y segundo plato con postre o café, bebida y pan incluídos. Aquí hay o bien "le plat du jour" (el plato del día) o bien la "formule" que consiste en entrante (normalmente una ensalada) más plato o bien plato más postre. La bebida, el café y el pan se pagan aparte. En este restaurante hemos dado en el clavo porque precisamente hoy el "plat du jour" era lo que Roger quería comer: entrecot. A mí tampoco me venía mal en absoluto. Y por sólo diez euros el plato nos hemos zampado ese entrecot acompañado de una deliciosa salsa con nombre de región francesa (no consigo recordar), acompañado de tomate al horno con provenzal y un revuelto de calabacín, huevo y bechamel con queso gratinado por encima. Mmmmm... De primero hemos pedido una ensalada y la camarera nos ha mirado raro y nos ha advertido que la ensalada era grande. Pobrecita, no sabe lo que zampamos. No quedó absolutamente nada en los platos.

He notado que la gente de París, en general, está delgada. Deben comer bastante menos o cuidarse mucho más. En el metro de Barcelona, por ejemplo, lo más normal es ver señoras o señores de mediana edad o ancianos y ancianas tirando a rellenitos o directamente gordos. Aquí son minoría a los que les sobran quilos. Si viven en Montmartre lo entiendo: con tanta cuesta y tanta escalera es fácil guardar la línea. ¿Son de poco comer o tan grave es la crisis económica francesa? Respecto a nosotros otra semana aquí y tenemos que volver rodando y ocupando dos asientos de Ryanair.

El primer día en la ciudad encontramos una librería que al mismo tiempo era tienda de discos. Era muy pequeña y todo estaba muy apretado y revuelto pero tenían unos precios increíbles en discos nuevos y de segunda mano. Allí me compré el nuevo de dEUS, Pocket Revolution, por tan sólo diez euros. Y hoy la misión era buscar más tiendas de discos y tiendas de cómics al tiempo que hacíamos el guiri.

En los alrededores del Centro Pompidou (otro ejemplo de museo cuyo interior no nos iba a gustar y nos lo hemos ahorrado) hemos chafardeado librerías y tiendas de regalos. Era una zona muy agradable para pasear: calles peatonales, tiendas "alternativas" o "underground" (como la librería especializada en cine en la que estuvimos), restaurantes con terrazas, espectáculos callejeros... Los barrios de Marais y Beaubourg deben ser como el Raval y el Born de Barcelona, salvando las distancias. Allí volvemos a una librería de cómics que ya vimos. Roger gasta que te gasta. Yo admiro los preciosos pósters del Corto Maltés.

En mi anterior visita a París encontré (¡qué mala suerte la mía!) que Notre-Dame, la gran catedral gótica, estaba en reformas y casi totalmente cubierta de andamios y enormes lonas verdes tapándola. Hoy, por fin, he podido verla en todo su esplendor, desde la place du Parvis. Hemos entrado para admirar la planta pero no hemos subido: gran cola y más de 6 euros para subir a las torres). Admiramos los laterales y sus preciosos arbotantes (arbotante: m. arq. Arco que contrarresta el empuje de otro arco o bóveda.|| Mar. Palo que sobresale del casco de un buque y sirve de sostén.), que la hacen parecer tan ligera, como una gran araña posada cerca del Sena.

En la otra orilla del río nos apresuramos hacia los bouquinistes que ya recogían y cerraban sus puestecitos diminutos pintados de verde, sus cajitas repletas de libros usados y, por lo que vi, ahora también de objetos para turistas. Conseguí comprarme por fin un póster de Le Chat Noir, pero no ha habido tiempo para mirar libros. Una pena, me habría llevado Les fleurs du mal de Baudelaire de buen gusto. Me hubiese servido para practicar mi francés (el idioma) una vez de vuelta en Barcelona. En fin, no es grave. Allí también podría encontrarlo en su lengua original. De hecho la que leí hace tiempo fue una edición bilingüe.

Nos acercamos al Barrio Latino pero nos aburrimos en seguida de los caminos trillados para turistas. Callejeando descubrimos la iglesia de Saint-Séverin, con un lateral que está repleto de gárgolas. Llegamos al Panteón, donde reposan Voltaire, Rousseau, Marat, Zola, Braille, Monet, Condorcet, Pierre y Marie Curie, Malraux... En los alrededores del la Sorbonne descubrimos por azar dos grandes librerías de cómics ("bandes dessinées" en francés, o BD abreviado). Eran enormes, impresionantes, desquiciantes. Aquí hay mucha producción propia, se consume mucho más y leer cómics es menos de freak, mucho más normal para un adulto. Roger ha tenido otro ataque consumista y yo... bueno, a falta de dinero para gastar le pediré sus Monsieur Jean. Por los alrededores había muchas librerías interesantes (incluso la célebre Shakespeare & Co. que ya visité la otra vez) pero estoy demasiado cansada para ponerme a rebuscar. Sólo quiero volver a las plumas del edredón...

Estamos agotados. Volvemos a casa tras otro día extenuante.

Es curioso, ya digo "a casa"... Nuestra casa en París... Por una semana.

De pequeños y grandes placeres


"Automn"
Alphonse Mucha

El mundo se vuelve rojo, el color que he escogido para mi pelo y, si entrecierro los ojos, todo se tiñe de reflejos cobrizos.

Definitivamente (¡por fin!) llega el otoño. Parece que el frío asoma sus dedos y los cuela por los cuellos descubiertos, por los miembros incautos que van sin mangas, provocando escalofríos. Me falta un jersey, me faltan unos brazos alrededor. Y me gusta la dulce sensación de añoranza que eso provoca. Es dulce porque puede ser colmada. Es tiempo de sacar la mantita para el sofá. Es tiempo de mis calcetines gordos. Es tiempo de dejarse abrazar fuerte. Y de besos con la nariz fría.

La semana termina dejando un poso de dulzura en la boca. Que todas las semanas sean como ésta...

El jueves fui con E. y con S. a apuntarnos a las listas de suplencias de personal de las bibliotecas públicas. Lo que iba a ser un puro trámite de menos de cinco minutos se convirtió en una jornada entrañable. Adiós obligaciones de trabajo o clases. ¡Seamos irresponsables e inconscientes! Entramos en tiendas de ropa en las que no compramos nada (¿me atrevería en algún momento de mi vida a llevar aquélla mini de calaveritas?). Luego, comida para tres (el número adecuado) en Le Ménage à trois (el tupper puede esperar), donde alguien pretendía vender sus cuadros horrorosos por más de cien euros. Más tarde un café (y dos tés, uno con bichos flotando) en una terraza en la que se puede escuchar a gente ensayando alguna ópera. Y risas, muchas risas. Y confidencias. De las que, con toda naturalidad, sólo podemos hacernos las mujeres mientras nos zampamos el pollo al curry con arroz basmati. Es fácil hablar del pasado, de la vida, del amor, del desamor, de las esperanzas y de las experiencias entre risas, cuando te sientes a gusto con la compañía, en el ambiente idóneo. ¿Qué sería de nosotras sin esas estupendas conversaciones?

Conclusión: "un clavo saca a otro clavo" (gracias a la madre de E. por esta sentencia).
Resultado: me quedo casi afónica (¿de tanto hablar?) y cojo frío.

Los otros componentes del otoño son las castañas (este año aún no he probado ni una, qué pena) y las setas. Buscar setas es la excusa perfecta para caminar un rato por el bosque, para huir de la ciudad, del metro, de los coches, de los semáforos y de las tiendas Zara. Me divierto como una enana pisando pinaza, apartando zarzas, oyendo crugir las ramas bajo mis pies. Con alborozo señalo cada una de las setas que voy descubriendo, sin tener la menor idea de cómo se llaman o de si son comestibles o no. Descubro las huellas de un jabalí y las señales de los dientecillos de algún ratón de campo en una seta. Por puro azar doy con un grupo abundantísimo de Cantarellus lutescens ("camagroc" en catalán, "rebozuelo" en castellano) y los recojo con alegría. Hoy han resultado ser un manjar exquisito en revoltillo (poner ajo picado y las setas bien limpias a saltear con aceite y sal, luego añadir los huevos con un poco de perejil y remover hasta que quede cuajado, pero no demasiado).

Ayer, cena con desconocidos en casa de un amigo de R. De esas a las que vas porque te invita un amigo de otro amigo, donde todos son extrangeros desubicados que están viviendo en Barcelona, donde la mayoría no se conocen entre ellos, donde lo extraño es encontrar aficiones, intereses o algo en común. Tú llegas allí, con tu botella de Enate, sin saber lo que te puede esperar: un venezolano músico, profesor de salsa y modelo de pintura ocasional, una psicóloga pija inglesa que trabaja en Londres pero viene a Barcelona de marcha los fines de semana, un inglés totalmente descolocado que ni siquiera conoce al dueño de la casa y se pone a fumar maría, un francés diseñador... Son curiosas, esas reuniones, pero supongo que son cosas que se hacen para ampliar el círculo de amistades cuando tus amigos de verdad están lejos. Siempre se puede conocer a gente interesante, supongo.

Y hoy ha sido un domingo de levantarse tarde y de dormir siesta, de arrebujarse en el sofá viendo películas (Antes del atardecer y The Machinist) en la mejor de las compañías (la que te tapa los pies fríos con la manta debe serlo). Un domingo de segundas despedidas inesperadas cuando R. ha vuelto a aparecer en bici en la parada de mi autobús (mi caballero de la brillante armadura) para volver a darme un beso de buenas noches. Llego a mi casa y me siento a escribir con la sensación de haber tenido un muy buen fin de semana. Lleno de placeres, grandes placeres, pequeños placeres que se convierten en grandes. Y me permito un último placer del día: saborear un cacao caliente (Cacao Nestlé Selección, el placer adulto) y un rosco de vino. Señal ésta, la de que haya roscos en casa, de que la Navidad está a la vuelta de la esquina.

Qué fácil es ser feliz a veces...

viernes, 4 de noviembre de 2005

Diario de París: viernes, 21 de octubre.


Definitivamente me gusta mucho más Orsay que el Louvre. Sin duda el cansancio tenga algo que ver con ello (y mis gustos en cuanto a pintura mucho que ver con ello) pero hoy en el Louvre he tenido una terrible sensación de acumulación de esculturas y pinturas hasta el colapso y de odio infinito hacia un cuadro más de temática religiosa o anterior al siglo XIX.

Ya veníamos preparados y dispuestos a saltarnos las partes que no nos interesaran demasiado porque ver el Louvre entero en tan sólo un día es una odisea imposible. Sin embargo tengo la impresión de que:

a) hay demasiados cuadros (sobre todo de pintores franceses) primando cantidad a calidad en ocasiones (¡oh, sacrílega!).

b) el orden de las salas es caótico y hace casi imposible y maratónica una posible visita cronológica en condiciones.

c) el museo está claramente orientado (con un tiquet de entrada específico para ello, incluso) a los visitantes que vienen en masa (poderoso caballero es don dinero) a ver la decena de joyas principales de la colección, esto es la Mona Lisa, la Victoria de Samotracia, La balsa de la Medusa, la Venus de Milo, etcétera...) pero que se van sin ver nada más. Los demás nos jodemos.

Y, para acabar de redondear mi opinión sobre este gran museo, la Gran Decepción: por segunda vez (me ocurrió lo mismo hace diez años, no me puedo creer mi mala suerte) tenían cerradas la mayoría de salas del Egipto faraónico. Ni Champollion ni ostias. Van a construir una nueva ala dedicada al arte del mundo islámico y gracias a las reformas (y quizá a que era viernes) me ha tocado pagar el pato. Casi lloro de la rabia. No me lo podía creer. Quizá hubiese sido la parte que más me habría gustado y me vuelvo a ir sin verla entera. Leo que "el Louvre siempre tiene el 25% de las salas cerradas por falta de personal". Pues vaya gracia. Consulten aquí antes de ir.

Total, que al final te obligan a seguir un recorrido que, en todo momento, te recuerda con cartelitos hacia dónde debes ir para ver la Gioconda (llega un momento en que ya la odias, al igual que a Dan Brown, y ni la miras al llegar a ella). Un recorrido que te obliga (a menos que vayas cambiando de ala y de piso constantemente) a ver primero todas las esculturas (casi en batiburrillo) y luego todas las pinturas, alternando alegremente salas del siglo XVIII con obras de antes 1300. Un recorrido donde sabes perfectamente, antes de llegar a ellas, dónde están las obras más relevantes sólo por el mogollón de gente parada delante de ellas y de japoneses haciendo fotos (el caso de la Venus, a la que en hicimos una foto en la que salen más fotógrafos que delante de la clínica Ruber el día del nacimiento de la infanta). Un recorrido que agota, que te hace aburrir el museo y te hace acabar caminando zombie por las salas sin poder asimilar una tela más.

Sería muchísimo más agradable de ver si, como el Orsay, estuviera organizado de manera que pudiera visitarse cronológicamente (más o menos). O quizá el fallo sea nuestro y deban dedicársele tres días. Un museo soberbio en un gran palacio, un marco increíble... y que canse hasta casi asquear. Sobreexposición, supongo. Con días para saborear sus increíbles salas muchas telas tendrían un matiz interesante que no supe verles. Una lástima.

He comprado la postal para E. (quería la Victoria de Samotracia) y tengo que escribirla, junto a la de P. (que compré antes de ayer) para enviarlas ya e intentar que lleguen antes que yo. A ver si tengo un minuto...

Me encanta el cartel del mítico cabaret de Le Chat Noir. Cuando paseamos por Pigalle pasamos por delante del café tal y como es hoy en día: un auténtico horror para turistas, tristemente parecido a un bar de las Ramblas pero sin sangría. A pesar de ello el cartel es precioso. Es un icono turístico, lo sé. Lo he visto en bolsos, tazas, camisetas, delantales, imanes para la nevera... Pero me encanta. Lo quiero en alguna de sus formas.

Contrariamente a lo que pensaba y creí ver impreso en algún sitio (supongo que haciéndolo más atractivo para los turistas) el diseño original del cartel no es de Toulouse-Lautrec sino de Théophile Alexandre Steinlen. Otro caso más de artista injustamente ninguneado respecto a su obra. Cartelista, pintor y humorista gráfico del art nouveaux cuya obra se publicó, mayoritariamente, en la propia revista del cabaret Le Chat Noir.


Amor y Psique,
Antonio Canova
Empiezo a escribir este diario en diferido. Durante el día no tengo ni un sólo minuto libre. Volvemos al apartamento únicamente para comer/ cenar/ dormir. Pasamos el día entero caminando y por las noches estamos tan agotados que casi no nos quedan ganas para nada que no sea quedarnos abrazados bajo el edredón y dormir... Y por las mañanas hay que levantarse temprano para desayunar, ducharnos y ver más cosas estupendas.

Hoy puedo decir que estoy agotada, completamente agotada. Mi cuerpo no se recupera con dormir unas nueve horas cada noche. Espero acostumbrarme al ritmo pronto. Estoy en baja forma.

martes, 1 de noviembre de 2005

Diario de París: jueves, 20 de octubre

Esta mañana nos la hemos tomado libre.

Estamos muy cansados, aún no nos hemos recuperado de la noche sin dormir que representó el viaje y estos dos días no hemos parado de caminar. Ayer, al acostarnos, pensamos que el plan para hoy sería madrugar un poco y dar una vuelta por el cementerio de Montmartre para luego ir a hacer unas compras. Cuando ha sonado el despertador hemos sacrificado el paseo por una o dos horas más de descanso.

En el supermercado de enfrente (Franprix), como en todos los que hemos visto por el barrio, hay frutas que no había visto en mi vida ni sé cómo se llaman. Hay salsas de todos los rincones del mundo y cientos de especias. Hay refrescos y zumos con miles de sabores inimaginables (por ejemplo de cassis, unas grosellas negras con las que también se fabrica un licor delicioso) y cosas como yogures de pistacho (evidentemente la curiosidad nos pudo y los compramos). Nos han dicho que aquí podemos conseguir Coca-Cola con vainilla pero sólo encontramos la de dos litros. Paseo fascinada y feliz por el súper, contemplando tal acumulación de multiculturalidad gastronómica. Además, da la impresión de que aquí cuidan mucho más la presentación y el aspecto de los alimentos: hasta en la frutería de barrio regentada por una china la fruta brilla, está estupendamente colocada y en el cartel con el precio se menciona el país de orígen de la fruta y el medio de transporte que se usó para traerla. De donde vengo estos detalles sólo los ves en los supermercados de categoría.

Roger está feliz: hemos encontrado mantequilla salada como la que comía en Escocia. Beurre avec sel du mer. Está deliciosa. Me voy a dormir agotada y me despierto agotada, pero vamos a zampar mantequilla por un tubo y eso, sin dudarlo, tendrá sus consecuencias a pesar de tanto caminar. Volveré hecha una odalisca de Rubens...

La tarde la hemos dedicado al completo y desde bien temprano al Museo de Orsay. Se trata de un museo precioso ubicado en una antigua estación de tren, con obras fascinantes y con una colección muy bien estructurada para hacer la visita interesante y fácil de seguir. La otra vez que estuve en París fue mi museo favorito, me gustó bastante más que el Louvre, veremos si esta vez pienso igual (mañana o pasado mañana podré comparar). Aquí abundan las obras del siglo XIX y XX. Y dedican espacio a la ilustración, la fotografía, las artes decorativas, el cartelismo...


Ilustración de Baba Yaga,
por Ivan Yakolevitch Bilibine
De nuevo somos afortunados porque encontramos la "Temporada rusa en el Museo de Orsay" y visitamos una estupenda exposición temporal sobre el realismo ruso que deja a Roger embobado ante algún cuadro. Yo, por mi parte, he redescubierto a los ilustradores rusos. Vi sus magníficos dibujos por primera vez cuando buscaba libros de cuentos tradicionales rusos al saber que mis tíos iban a adoptar un niño ucraniano (mi encantador primito Yenya). Los adoro, el estilo de sus dibujos es muy especial: inspiración medieval, gusto por los detalles, composiciones muy cuidadas. Apunté todos sus nombres para encontrar información y reproducciones de su obra en internet. Bilibine, el gran maestro, Repine, Nesterov, Vasnetsov, Kramskoï, Kouznetzou... Ah, los cuentos rusos y sus ilustradores... Espero volver a hablar pronto de todo ello.

De nuevo volvemos muertos al apartamento a por una sopa caliente y gratificante y a por nuestro queso, nuestra mantequilla salada, nuestro fuet y nuestro chorizo ibérico con baguette y pà amb tomàquet. Qué fusión cultural, madre mía.

Más datos:

Aquí "Corpse Bride" (que vimos y disfrutamos, a pesar de la muchedumbre, el fin de semana pasado en Sitges) se llama "Les noces funèbres" (Las bodas fúnebres).

Aquí los supermercados Dia se llaman Ed.

Aquí, en el metro, los asientos reservados tienen orden de prioridad:
1. A los mutilados de guerra.
2. A los ciegos civiles, inválidos laborales y lisiados civiles.
3. A las mujeres embarazadas y a las personas acompañadas de niños de menos de cuatro años.
4. A las personas de 75 años o más.

Haber participado en dos Guerras Mundiales del bando de los aliados debe hacer que un país sea muy respetuoso con sus héroes militares...

viernes, 28 de octubre de 2005

Diario de París: miércoles, 19 de octubre

Datos:

En París un café cuesta 2 euros, a menos que te lo tomes en le comptoir (la barra).

En París una Coca-Cola es más cara que una cerveza de barril.

En París los vados tienen lucecitas rojas intermitentes o son de neón, haciendo casi imposible la excusa inútil de "es que no lo vi..."

En París, por las tardes, de las alcantarillas sale agua que los barrenderos orientan mediante el rústico procedimiento de poner trapos viejos y trozos de tela o alfombra para taponar el camino que no quieren que siga. Será para limpiar las hojas. Les debe sobrar agua.

En París quedan 65 fuentes de Wallace como la de Barcelona (Parc de la Ciutadella) de la que Gontzal pidió un dibujo a Roger. Sir Richard Wallace (Londres, 1818 - Neuilly-sur-Seine, 1890), aristócrata, mecenas y vividor, consagró una parte de su abundante fortuna a ayudar a los menos afortunados y, viendo la crisis se aprovisionamiento de agua y la sequía en París en 1870, ofreció fuentes de agua potable que hizo distribuir por toda la ciudad.

Hoy he pasado una sed terrible a pesar del majete de Wallace. Había olvidado mi botellita de Evian en casa y el sir inglés no tuvo en cuenta que beber de sus preciosas fuentes es extremadamente difícil si no tienes un recipiente. Lo intenté en el hueco de mis manos con el cómico resultado de mojarme todo el brazo. Por lo visto, originalmente, de las fuentes pendía un vaso atado a una cadenita. Ya no queda ni cadenita ni vaso. Mi reino por un vaso.

Esta mañana la hemos dedicado a una exposición temporal que, muy oportunamente, ha organizado el Musée d' Orsay en las Galéries Nationales du Grand Palais. Viena 1900: Klimt, Schiele, Moser, Kokoschka. Las colas en la entrada eran considerables, la mayoría eran parisinos porque la exposición hace relativamente poco que se inauguró. Esperar en el patio escuchando al, por momentos irritante, tocador de oboe ha valido la pena. Una exposición preciosa, pero se ha hecho corta. Los cuadros de Gustav Klimt me han parecido mucho más maravillosos al natural que todas las reproducciones que ya había visto y que ya me encantaban. Me he quedado embobada delante de algunos de ellos durante algunos minutos: fascinada por cómo la luz se colaba entre los árboles del bosque de pinos, por las maravillosas pieles translúcidas de las sensuales mujeres, de cabellos pelirrojos serpenteantes, por el poder que transmite su Salomé (Judit II), con su mano crispada... Me gustaría poseer la belleza, la determinación, la sensualidad y la fuerza de las mujeres que pinta Klimt.

Por tanto pedir agua a Wallace cayó toda por la tarde (del cielo), justo cuando nos sentamos en los jardines de las Tuilleries y Roger empezó a dibujar una vista del Louvre (que no pudo acabar hasta un par de días después, como veis aquí al lado). Me hubiese gustado poder vernos con los ojos de otro: allí sentados, bajo la llúvia en el parque desierto, él dibujando y yo sosteniendo el paraguas...

En los jardines de las Tuilleries hay unas sillas metálicas que puedes coger y colocar donde te apetezca. Quizá en Barcelona durarían poco y serían presa de los vándalos (sin duda promotores del Estatut) o acabarían estrelladas contra algo. Aquí sirven para que la gente se siente a leer o a dibujar el paisaje o las numerosas esculturas.

En las cercanías de los Champs Élyssées están las tiendas más chic de París, todas las de alta costura, las de los grandes diseñadores. También los restaurantes (el célebre Maxim's) y los hoteles más caros. Y algo más, algo que no había visto nunca a ese nivel: una tienda de alimentación de ultra- lujo que haría las delicias de cualquier gourmet aficionado como yo. Tenían hasta jamón pata negra ibérico de Guijuelo. Todo un placer para la vista y, sin duda, para los paladares de los que se lo puedan permitir. Como recuerdo me llevé el catálogo gratuito (lo único gratuito), con un estilismo que ni Chanel. Disfrutad de la web de Fauchon Paris y decidid qué regalo realmente caro (y comestible o bebible) os gustaría que os hiciesen de allí.

Tras tanta advertencia (la guía es vehemente) sobre lo bordes que son los parisinos, sobre lo antipático y desagradable que es el servicio aquí, debo decir que estoy absolutamente en desacuerdo. Todo el mundo, desde la vecina del tercero (madame Gisbert) que nos saludó nada más llegar y se ofreció para lo que fuese, hasta cada camarero o dependiente que nos hemos encontrado, han sido amables y simpáticos. No sé si tiene que ver con que les hablemos en francés. O que, al menos, lo intentemos con voluntad y esfuerzo.

Por la tarde hemos paseado por Pigalle por segunda vez para encontrarnos con dos riffers que, por casualidad, también estaban en París: guede y su novia. Tomamos una cerveza en el Cafe des 2 moulins (desgraciadamente para Roger no nos sirve Tautou) y descubrimos que son dos turistas al uso de los que hacen las cosas típicas y van a Euro Disney. Y están tan felices. París se puede disfrutar a muchos niveles. Nos hacemos unas fotos ante el Moulin Rouge, paseamos un poco y, entre los miles de paraísos del sexo de por allí, Roger se encariña con un edificio de tres plantas con un neón enorme: Sexodrome. Dice que antes de irnos tenemos que entrar a chafardear en la tienda. Otro día será. Por hoy me conformo con haber visto a trescientos turistas japoneses entrar en masa al Moulin Rouge (pongámosle cien euros por cabeza).

El viaje de vuelta en metro nos sale gratis porque la máquina de validar los tiquests está estropeada. Empezamos a dominar las paradas.Ya somos más aprisinos. Hemos comprado queso.

jueves, 27 de octubre de 2005

Diario de París: martes, 18 de octubre

A las tres de la mañana (vuelo de Ryanair desde Girona a las 6'50 horas) salimos arrastrando penosamente las maletas tras escasas horas de sueño. Para colmo llueve ligeramente. No lo suficiente para obligarnos a coger un taxi hasta la Estació del Nord (total, es bajar una calle) pero sí con tan mala leche como para obligarnos a parar bajo un toldo cuando aprieta. Del viaje en autobús a Girona y del vuelo tengo pocos recuerdos, estaba en duermevela incluso cuando caminaba. Recuerdo un intento de hechar una cabezada en el avión, contra la ventana, y recuerdo el amanecer desde el aire, rosa y naranja, y las nubes de algodón que, al descender, hacen que parezca que nos metemos dentro de la espuma de un capuccino.

Llegamos a Beauvais (aeropuerto de tercera... qué digo, de cuarta categoría) agotados y muertos de sueño, con 25 minutos de adelanto. De allí tenemos que ir en autobús a Paris (Porte Maillot). La maleta parece pesar cada vez más. Hace un frío del que se te mete en los huesos, el frío del amanecer, que hace que me despierte y dé saltitos mientras esperamos para comprar el billete. Una señora le empieza a gritar en catalán al chico de la ventanilla porque no le ha dado todos los billetes que ha comprado. Al ver que no la entiende cambia al castellano y el chico sigue sin entenderla. Yo sigo zombie, esforzándome por tenerme en pie, respirar y seguir realizando las demás funciones vitales.

Vuelvo a dormitar en el autobús. El conductor nos pone chanson française y me despierto cuando ya estamos en París. Veo el Sena y sonrío. ¡Por fin!

Jean- Philippe, nuestro locataire (arrendatario), tal y como predije un poco jocosamente por su letra redondeada, bonita y femenina y por sus advertencias sobre el cuidado con el parquet y con su mesita lacada, tiene todo el aspecto de ser gay. Al ver el apartamento me alegro de ello (mientras recupero el aliento, que son seis pisos sin ascensor). No es que quiera afirmar que todos los heterosexuales son unos guarros o tienen mal gusto en cuestión de decoración o que todos los gays sean decoradores natos (de hecho conozco a unos cuantos bastante horteras). Pero en éste caso se cumple el tópico. Todo está cuidado y con gusto por las marcas. En la cocina no falta ni un utensilio (hasta esas barras metálicas tan monas que siempre veo en las cocinas del Ikea para colgar ganchos con cazos, trinchadores, coladores, etc.). Tiene aceite de oliva, vinagre de Módena, mostaza de Dijon, pimienta gris, lavavajillas de aroma a frambuesa (Roger dice que tiene que estar rico), limpiadores especiales para el parquet, suavizante caro para la ropa... En la habitación hay libros de arte y de arquitectura como en las revistas de decoración, guías de viaje de cientos de países y las sábanas donde dormiremos son Calvin Klein con relleno de plumas y cojines de más plumas. En el armarito del baño hay crema de contorno de ojos, secador, perfume, jabón de Marsella puro para las manos...

Roger se burla de que investigue tanto las cosas de Jean-Philippe y de que me interese saber los títulos de las novelas y libros varios que guarda en el armario. Soy curiosa. Se pueden saber muchas cosas de alguien por los libros que tiene. Igual que se pueden saber muchas cosas de alguien viendo su casa, los productos que usa y los pedacitos de pistas sobre sí mismo que ha ido dejando por todos lados durante su vida cotidiana el tiempo que ha habitado el apartamento. Diría que es piloto (hay una maqueta de un avión de Air France y un osito piloto en la habitación) y que vive aquí ciertas temporadas (tiene ropa en el armario y productos suyos por todas partes), y que alquila el piso de vez en cuando, si está fuera por trabajo, para sacarse algún dinero extra. O quizá sólo vive aquí ocasionalmente y tiene un novio en NY...

Algunos encontrarán morboso mi interés por el arrendador. Quizá tengan razón. Pero, al fin y al cabo, voy a vivir una semana en su casa. Es un juego divertido imaginar cómo es una persona de esta manera. Me siento un poco Sherlock Holmes y me gusta.

Después de comer hemos tenido, irremediablemente, que hechar una siesta para volver a ser personas. Y un poco más repuestos (tampoco del todo) hemos salido a investigar Montmartre. Me encanta este barrio. Estamos alejados de la parte turística, en una zona de currantes e inmigrantes de todas las nacionalidades y colores. Hay mercado callejero, carnicerías halal, supermercados, bares y una gran floristeria justo a la entrada de nuestra calle, Villa Ornano.

Pasando por la parte más pintoresca del barrio subimos hacia Sacré-Coeur, el enorme pastel bizantino que preside la montaña en forma de iglesia (una de las postales más vendida de París). Según mi guía este fastuoso edificio nació de un "voto nacional" (léase revancha de la Iglesia) para expiar los crímenes de la Comuna de París, construyendo el "templo nacional" precisamente en el lugar donde estalló la Comuna. El día de la inauguración el célebre pintor local Willete vino con sus amigos a gritar debajo de la cúpula "¡Viva el diablo!". Émile Zola describió el edificio como "una masa de yeso aplastante que domina ese París de donde partió la Revolución..." Cuando llueve (cosa que sucede a menudo) la piedra con la que está construida la iglesia segrega, por acción del agua, una substancia blanca que parece pintura. Cuanto más llueve más blanco es Sacré-Coeur. Yo no grité "viva el diablo" pero me hice una foto haciéndo una mueca mientras señalo la iglesia. Una de las numerosas fotos en las que salgo haciendo el payaso y que no veréis aquí. Estad agradecidos.

La place du Tertre me parece un engaño para turistas. Ya me pareció exageradamente turística la otra vez que estuve en París, pero era joven e impresionable y los pintores me parecían algo bohemio y maravilloso. Ahora me parecen unos timadores de tres al cuarto (malísimos, la mayoría) y la plaza tiene muy poco de bohemio y mucho de metro en hora punta. Los turistas (nosotros también lo somos, pero quiero pensar que de otro tipo) parecen tontos y se merecen que los timen.

Sin embargo Montmartre, si sabes apartarte de la multitud (y no hace falta ir muy lejos porque los turistas no salen demasiado del camino de tiendas de souvenirs), posee rincones deliciosos al atardecer. Para hacer un poco el guiri buscamos la verdulería de la película Le fabuleux destin d' Amélie Poulain y el café donde trabajaba Audrey Tautou (Les deux moulins). Más fotos vergonzosas.

Ahora mismo estoy sentada en el sillón del apartamento, Roger hace el dibujo del día en el otro sillón, e intento fijar todo lo que me bulle en la cabeza antes de que me venza el sueño. Tarea imposible.

Hoy soñaré con interminables escaleras de subida, las del apartamento y las del barrio, soñaré con Amélie y con los pintores bajo la llúvia, soñaré que, tal y como me he sentido hoy, era parisina, volviendo al apartamento con una baguette en la mano.

Deshaciendo maletas...

Aún asimilando, aún deshaciendo maletas, deshaciendo el encanto, sacudiéndome con pereza el aroma de París, añorando ya las sensaciones vividas...

La foto de la izquierda (que se manifieste su autor porque no aparece) es la que ilustra la portada de la guía Trotamundos de París (ed. Salvat) que nos ha acompañado todo el viaje y que ya hice mía mucho antes de partir. Digo que la hice mía porque la repasé, la señalé, la llené de post-it rosa fúcsia y de papelillos rojos. Un dibujo de un ojo para los lugares para visitar, un tenedor para los restaurantes, una copa para los bares... Los veinte arrondissements (distritos) de París paso por paso. Dudaba que pudiéramos ver tantas cosas en sólo una semana...

No llevé ningún libro pero tampoco hubiese tenido tiempo de leerlo. Casi no tenía tiempo ni de escribir. Con dificultad y en minutos robados al descanso o en los pocos minutos perdidos he ido llevando un diario de viaje en mi Moleskine, plasmando impresiones, curiosidades y todo aquello que he querido recordar de la maravillosa ciudad de la que he vuelto. Volcaré aquí una parte de mi diario, pero os ahorro la parte tediosa y la morbosa. Espero que sea de utilidad a futuros viajantes. O, al menos, que os guste y os entretenga.

Me gustará compartir la impresión de ésta ciudad con otra gente porque las ciudades son como las personas: cuando las conoces sólo ves una parte y lo que piensas de ellas depende tanto de lo que son como de lo que tú eres y de cómo te sientes al conocerlas.

À demain!

lunes, 17 de octubre de 2005

Oh, là là...!


Mañana estaremos en París. Tú y yo en un pequeño apartamento de Montmartre. Es como un sueño hecho realidad.

Ya estoy deseando cruzar el Pont Neuf cogida de tu mano, pasear contigo por los deliciosos museos, recorrer a tu lado calles, pasajes, callejuelas y avenidas. Pero, sobre todo, despertarme a tu lado cada día y apoyar cada noche la cabeza en la almohada escuchándote respirar acompasadamente, sabiendo que te girarás y, casi instintivamente, me abrazarás por la espalda en esa posición que ya es tan nuestra y que me hace sentir tan a gusto, tan protegida, tan amada.

Hay tantas cosas que ver y visitar que no sé si tendremos tiempo. Esperamos huir de los típicos sitios turísticos siempre que podamos y descubrir a pie los rincones más encantadores de esta ciudad de luces y sombras. Creo que vamos en buena época, en otoño, mi estación del año favorita, y podremos disfrutar de esos cielos grises y de esa luz tan especial. Me voy sin un libro que leer en la maleta (pese a las buenas recomendaciones literarias que me hicieron) así que espero hacer preciosas fotos y escribir mucho para verter todo aquí cuando llegue. Dejaré el blog abandonado mientras tanto.

Estoy haciendo maletas (¿por qué me cuesta siempre tanto?) y deseando que Jean- Philippe nos de ya las llaves de la que va a ser nuestra casa, aunque sólo sea por una semana. Me imagino haciendo tostadas y café para los dos en la minúscula cocina o caminando en calcetines por el parquet, bailando o haciendo que patino mientras pones música (espero que podamos tener música). Me imagino que hará frío y me abrazarás para confortarme. Me imagino volviendo extenuada al apartamento, tras caminar todo el día, y que me arropas con mimo. Me imagino en un bistrot escribiendo mientras dibujas. Me imagino la semana más maravillosa...

Pero lo mejor es que no tengo que imaginar mucho, porque estoy segura de que lo va a ser.

viernes, 14 de octubre de 2005

My corset


Eugène Atget,
"Corsets"
Una persona que conozco de otro foro que no es el de Riff-fanzine tiene un blog que aún no comprendo: Tighten my corset. Hay todo un glosario de términos referentes a los corsés. Es curioso y me intriga el por qué de tal listado. Le he preguntado a la responsable y espero ansiosa la respuesta. Puede que el interés sea histórico o lingüístico. No es el tipo de mujer a la que creería interesada en ponerse un corsé si no es para un disfraz de Halloween.

Un corsé me parece una prenda muy simbólica de cómo las mujeres hemos sido dominadas por las modas y las apariencias, y de cómo lo estamos aún, para qué engañarnos. El uso continuado del corsé puede causar graves enfermedades como desplazamiento de órganos (riñones, útero causando esterilidad o abortos), estrés respiratorio, problemas gástricos, congestión venosa (embolias pulmonares, trombos), atrofias musculares severas, desviación de columna... Algunas mujeres no podían volver a caminar si no lo llevaban puesto. Un corsé, para mí, es un símbolo de la presión social sobre la mujer. ¿Se ha reducido esa presión social para que seamos perfectas o ha aumentado, ya no sólo en la mujer sinó también en el hombre?

Yo no quiero ser perfecta. Me horroriza serlo en cualquier sentido...

No he conseguido encontrar la foto que buscaba. Tendré que hacerla yo misma. Quizá no exista porque la imagen que me viene a la memoria pertenece a un videoclip musical del grupo Counting Crows, de la canción "A Long December", creo. Una mujer de espaldas, parada, mirando el escaparate de una tienda cerrada que exhibe vestidos de novia. Me parece muy evocadora de lo que quiero decir hoy...


Philippe Halsman
Llegadas a cierta edad parece que, de repente, se hace muy evidente que el objetivo inminente de muchas mujeres que llegan a la treintena es encontrar por todos los medios un hombre y casarse. Quizá no en mi círculo de amistades, quizá no en el de los que leen este blog, pero seamos realistas: la verdad está ahí fuera. La mayoría de amigas del instituto ya están casadas o a punto de hacerlo, algunas ya piensa en tener críos... ¿Serán más felices que yo teniendo un objetivo vital tan claro? Yo aún no sé qué va a ser de mi vida (quizá ese es mi corsé), así que se me hace imposible pensar siquiera en poner otro ser humano tembloroso y lleno de dudas en el mundo.

Para la evolución yo soy el fracaso, desde luego.

jueves, 13 de octubre de 2005

Gripe, lluvia, derechos de autor y poderes psíquicos


Tengo la gripe y no he salido de casa en todo el día. Estoy abotargada y agobiada. Llueve ahí fuera y es agradable estar seca y a salvo, con una manta, escuchando "Rainy Day Music" de los Jayhawks. Sería aún mejor tener a mi lado a alguien a quien poner cara de enferma para que me cuide, me arrope, me traiga la medicina y la sopa y el té caliente, y me haga todos esos mimos que, si bien no son indispensables para la curación, sí ayudarían a la enferma a sentirse más a gusto y satisfecha. Lamentablemente "el traedor de sopa y mimos" está dibujando en su casa. Tendré que sobrevivir con eso.

Así que me pongo a escribir y me paso la tarde entera buscando el nombre del autor del dibujo que podéis ver más abajo. Muchas páginas web tienen la fea costumbre de incluir galerías de ilustraciones sobre cualquier cosa sin dignarse a mencionar siquiera el autor de dichas obras. Por todos sitios aparecen dibujos, fotografías, ilustraciones... y muy poca gente se molesta en mencionar que todas, sin excepción, son el producto de la actividad de una persona. Qué triste crear algo y que la gente lo disfrute sin saber siquiera quién lo ha hecho. Por eso me tomo tan en serio la autoría y procuraré siempre incluir los autores de cualquier cosa que cuelgue en este blog.



Tom Raney
(The Search For Cyclops #3)
Me ha costado un gran esfuerzo pero he conseguido encontrar el autor de la ilustración. Podría haber colgado otro dibujo del mismo personaje (Jean Grey), de otro autor que conociera, para ilustrar lo que pretendía escribir sobre la posibilidad de poder leer la mente de los demás. Pero quería este dibujo y ninguno más. Pura cabezonería, soy así. Quizá la gripe me vuelve más tozuda aún o no tenía mejor manera de gastar mi tiempo... Si hasta me ha costado horrores saber el nombre del autor de la famosa fotografía de James Dean caminando por Times Square bajo la llúvia que está más arriba. ¡Qué cosas!

Como decía, Jean Grey (aka Marvel Girl, aka Phoenix) es la mayor psíquica de entre los mutantes. Que nadie me venga con que si Xavier ésto, que si tal aquéllo... ¡gana la pelirroja! Leí hace tiempo que le preguntaron a algún directivo de Marvel quién ganaría si todos los mutantes se enfrentaran entre ellos y no dudó en contestar: Jean Grey convertida en Phoenix es invencible, capaz de destruir planetas. En fin, que explico esto porque ésta reflexión viene del hecho de que siempre encuentro los aspectos negativos de esa capacidad psíquica. Cuando pusieron la serie New X-Men en manos de Grant Morrison (algún otro día hablaré de él y de su cerebro desquiciado) en seguida se le ocurrió hacer que esta chica pillara a su marido poniéndole unos cuernos psíquicos que ni un Vitorino en la mente de otra joven telépata (cuernos virtuales), Emma Frost, para colmo pija y rubia (como un culebrón pero con genes mutantes). Sin sus poderes Jean Grey sería una cornuda feliz.

¿Qué pasaría si pudieras leer la mente de los demás? Imagina que pudieras hurgar en la mente de tu marido y descubrir con quién fantasea, descubrir lo que le gustaría hacerle a su compañera de trabajo...

Imagina levantarte por la mañana y saber lo que piensa realmente el conductor del autobús cuando le das los buenos días, lo que piensa esa señora que te mira mal porque tú estás sentada leyendo un libro y ella de pie, lo que le gustaría decirte al señor que te mira el culo cuando te levantas... Imagina todas esas mentes grises y agobiadas caminando por la mañana en un día lluvioso como el de hoy hacia el trabajo, todos esos deseos sin realizar, esas vacaciones lejanas, ese sexo insatisfactorio y furtivo, ese Gran Amor que no llega... Imagina a tu amiga pensando "cómo se ha engordado" cuando tomáis un café... Imagina cosas peores de tus familiares. Imagina captar cada pensamiento violento o suicida, cada grito de socorro, cada fobia y cada manía, cada psicopatía a tu alrededor.

Estremecedor, ¿no?

Me parece que no siempre es bueno querer saberlo todo. A veces es mejor no saber ciertas cosas y vivir en una feliz ignorancia. No me refiero a girar los ojos a cualquier cosa que no nos guste o a que me gustaría ser una cornuda ignorante, sólo hablo de no saber algunas cosas... No quiero saber si la anterior amante de mi pareja era mejor que yo, no quiero saber si mi familia no está orgullosa de mí, no quiero saber que a esa persona que me acaban de presentar le parezco borde, no quiero saber que le gusto a ese chico al que yo veo como un amigo, no quiero entender todas las razones de los que me rodean... Me gusta el juego de ir descubriendo a las personas, la intimidad que supone que ellas mismas te vayan contando esas cosas. Ese juego hace que las personas se vuelvan tuyas porque siempre son más como tú las imaginas que como realmente son.


P.S. Si hoy alguien cree que me he vuelto loca por esta entrada sin demasiado sentido quizá esté en lo cierto. Más loca que ayer pero menos que mañana.

miércoles, 12 de octubre de 2005

Escritura terapéutica para enfrentarse al pasado

Ahora ya casi no te guardo rencor. Ya no. Entiendo lo que hiciste, entiendo quizá el por qué. Ahora, si pienso en todo lo que ha pasado, sólo me siento profundamente decepcionada.

Cuando por fin he entendido que el porqué que siempre te pedí (no pedí mucho más), que esa razón aparentemente inexistente, que me impedía entenderlo y aceptarlo, quizá sólo fue que se te acabó el amor, que dejaste de quererme; cuando por fin he entendido eso, me sigue decepcionando tu actitud ante el problema. No sé cómo habría reaccionado yo. La verdad es que alguna vez me había planteado lo horrible que sería si, sin saber cómo, hubiese dejado de quererte y la relación se hubiese roto por mi culpa, lo terríblemente culpable que me sentiría. En eso te compadezco. Pero creo que yo habría sido más sincera, brutalmente sincera, si lo prefieres. Casi tuve que perseguirte e instarte para que me dijeras "ya no te quiero". Y eso es cruel. Después de más de seis meses de luchar yo sola para salvar algo que aún no creía perdido. Seis meses o más de lágrimas, de esperanzas rotas, de ilusiones vanas, de no querer rendirme pese a las evidencias... Si no me lo dijiste antes para evitarme dolor creo que te equivocaste. Si fue porque no lo tenías claro fue una falta de consideración. Sabías que te esperaba, aún sin palabras te esperaba... Y sabías que no eran sólo palabras cuando dije que de mí tendrías lo que quisieras. Y esperé, esperé y esperé cuando ya no había nada que esperar... pero no podía esperar para siempre. Mi vida, como la tuya, tenía que seguir sin ti.

Me decepcionó tu actitud al saber que estaba con alguien y me decepciona tu actitud de ahora, tras tanto decir que seguiríamos siendo amigos, que mantendríamos el contacto, que yo había sido la persona más importante en tu vida y que era impensable que algún día no nos habláramos. ¿No te da vergüenza? Si ahora ocurre precisamente eso es porque tú lo has querido. ¿Tienes tus razones? Sea como sea es muy egoísta. Quizá con el tiempo, podamos ser amigos como dijimos (al menos yo lo dije sinceramente) pero parece cada vez más difícil. Si prefieres perderme de vista para siempre allá tú. Tus palabras de entonces resuenan como mentiras. Vuelvo a repetir lo que, en un inusitado arranque de autoestima impropio de mí, ya te dije por teléfono: si no me quieres en tu vida, tú te lo pierdes. Ya no te necesito. Me ha costado mucho tiempo y mucho dolor poder decir eso. No más.

Ahora ya sé que el amor se puede acabar, que el tuyo se extinguió como una vela. Da miedo. Te doy las gracias por ese miedo y esa decepción. También te doy las gracias por tantas cosas buenas que vivimos juntos a lo largo de más de siete años. Ahora los veo como años de formación y ahora veo que, en muchos aspectos, nuestra relación no era tan madura como creíamos. Gracias a que acabó ahora sé que puede ser aún mejor, con alguien que se entrega por completo como yo.

Ya tienes tu libertad, ya tienes tu nueva vida, la que querías, la que tú has escogido. Y dices que no eres feliz. No me gusta esa actitud derrotista, no te queda bien. Parece que creas que nunca vas a poder amar a alguien de nuevo como me amaste a mí. Yo también lo pensé al principio pero, ahora lo sé, estaba totalmente equivocada. Ojalá tú también puedas darte cuenta del error. Deseo que seas feliz como yo lo soy ahora. Solo o junto a alguien, como lo prefieras.

Esta no es una carta de disculpa, no creo que tenga que pedir perdón por nada. Si el tiempo volviera atrás actuaría exactamente igual, de principio a fin. Me siento orgullosa de cómo me he comportado, de actuar siempre llevada por el corazón, de ser sincera hasta la médula, de haber luchado por amor. Tampoco es una carta de reproche, ya te dije todo lo que tenía que decirte, ya te lo dirás tú mismo con el tiempo, espero. Ni siquiera vas a leer nunca esta carta porque, a pesar de las apariencias, no va dirigida a ti, sinó a mí misma, a mi propia consciencia. Es, quizá, la última carta que te escriba, que me escriba respecto a ti.

Feliz nueva vida.
Feliz cumpleaños, Xoán.

¡Hasta siempre o hasta nunca!

domingo, 9 de octubre de 2005

En el andén

Cada día hacía el mismo recorrido en tren. Cada día lo veía sentado en su silla de ruedas, tomando el agradable sol de la mañana. Cada día él sonreía al ver pasar el tren y, con la confianza que le daba que él no tuviera ni idea de su existencia, lo miraba y sonreía también.

Al principio no le dio demasiada importancia, pero cada día esperaba con especial emoción aquél momento, aquél cruce de sonrisas ignorante la una de la otra. Y los días se sucedían como páginas en blanco del trabajo a casa y de casa al trabajo, y, poco a poco, el único aliciente de su vida fue verlo sonreír en el andén cada mañana desde el tren.

De pronto una mañana de primavera él ya no estaba. Y pasaron días y semanas en los que buscó cada día con la mirada en el sitio donde solía estar pero ya no lo vio más allí. Así que lo dejó todo (trabajo, familia, amigos) y dedicó su vida a buscarle. El amor es extraño a veces...

Tardó más de un año en encontrarle. Empezó buscándole por las calles cercanas a la estación, después en el barrio, en la ciudad y en el país entero. Preguntó a jefes de estación, porteros, dependientas, barrenderos y abogados, ayuntamientos y hospitales. Pero los datos que podía dar no eran muy precisos (solemos ser un nombre, un número, un domicilio, no una sonrisa) y sólo obtenía por respuesta encogimientos de hombros y miradas esquivas. Al final fue la casualidad, causante de las peores y de las mejores cosas, la que hizo que se encontraran. La vida es extraña a veces...

Nunca se había planteado qué le diría cuando estuvieran cara a cara. Era difícil explicar lo que sentía por él, lo que había hecho que su loca búsqueda fuese la razónd e su existencia. Por supuesto había imaginado infinidad de veces el encuentro pero nunca había palabras, sólo un cruce de sonrisas y la comprensión instantánea. En sus sueños, después de ese momento, ya nunca se separaban e iban juntos a pasear, ella empujando felizmente su silla, respirando con placer el aire limpio y fresco de la mañana, atendiendo solícita sus peticiones. Iba a cuidar de él siempre...

Cuando lo vio por azar en una céntrica cafetería las cosas no sucedieron como había imaginado. Estaba asomado a la barandilla de la terraza, en la segunda planta del establecimiento, mirando a la gente pasar. Al reconocerlo comenzó a esbozar la más grande de las sonrisas pero se le heló en los labios al comprobar que él estaba de pie. Se sostenía sobre sus piernas, ni rastro de la silla de ruedas. Un gesto de dolor imposible de describir se dibujó en su cara cuando por fin comprendió.

Subió al segundo piso con grandes zancadas, se plantó frente a él y le miró con ira. Incomprensiblemente ella esperaba excusas, esperaba explicaciones. En cambio él sonrió abierta y amablemente a aquella mujer de expresión furiosa a la que era la primera vez que veía en su vida. Esa sonrisa fue la que desató su furia, el último tirón que rompió el fino hilo que la unía a la cordura. Se abalanzó sobre él y lo empujó hacia la barandilla con un gruñido animal, arrojándolo al vacío. Fue sencillo: la baranda no era muy alta y ella tenía la fuerza que da una ilusión vivida durante más de un año y destrozada en menos de un minuto.

Y mientras lo veía precipitarse, como a cámara lenta, todo cobró de golpe una extraña lógica demente, un nuevo sentido. Se le ocurrió que quizá así él volvería a su silla de ruedas y ella podría pasearle, respirando el aire limpio y fresco de la mañana, y cuidar de él siempre...

El amor es extraño a veces.

19/12/2000

sábado, 8 de octubre de 2005

Microcuento


Despair, Dave McKean

El Rey pidió a sus Sabios una única cosa que le hiciera feliz cuando estuviera triste pero que, al mismo tiempo, le produjera tristeza cuando fuera feliz.

Los Sabios se reunieron durante varios días y regresaron con un anillo que llevaba un mensaje grabado: "Ésto También Pasará"...

viernes, 7 de octubre de 2005

Portraits

Roger dice que no va a dibujarme más, y con razón. Pero a mí eso me produce una tristeza terrible. Quizá sólo lo diga porque está harto de oírme sacarme defectos a mí misma cuando me miro en sus dibujos. Si me hace un desnudo me veo gorda, si es un retrato tengo ojeras y estoy fea...

De pequeña me encantaba que me hiciesen fotos. Era la reina de la casa y la princesa de papá, que gastaba carretes y carretes en una monada de bucles dorados que nunca se cansaba de posar. Quizá si tienes ocho años y te dicen constantemente que eres preciosa te lo acabas creyendo...

Con la adolescencia todo eso cambió. Empecé a crecer por todos lados como el protagonista de Big Fish. Me volví un ser larguirucho, zancudo, desgarbado, esquelético... No hacía falta que nadie me lo dijera para darme cuenta de que ya no era preciosa. Mi nariz comenzó a crecer desmesuradamente (como mis piernas y brazos) y a destacar en mi cara flacucha. Mis primos me llamaban "jirafa", mis tíos "largui" y los chicos del colegio cosas peores como "palillo", "espagueti" o "tabla de planchar" porque mis pechos decidieron no crecer con el resto (en fin, tampoco es que luego se animaran a crecer mucho, al fin y al cabo). Así que empecé a rehuir las cámaras y, si podía, los espejos. Recuerdo mi primera adolescencia como una época por momentos horrible, de soledad, incomprensión, rechazo, autoaislamiento, negatividad y desprecio hacia mí misma. Yo era aquella chica rara vestida de negro leyendo sola en un rincón. Creo que, en el fondo, me encantaba regodearme en mi propia tristeza, en ser una especie de perdedora y melancólica adolescente.

Luego las cosas cambiaron progresivamente un poco y empecé a sentirme mejor en mi propio pellejo. No sé si la cosa tuvo que ver con empezar a gustarle a los chicos. Quiero creer que no, que empecé a aceptarme tal y como era y empecé a darme cuenta de que la valía de las personas se mide en lo que llevan dentro... Sin embargo seguía sin gustarme que me hicieran fotografías. Y aún hoy, con un cuerpo que (afortunadamente) ha ido adquiriendo más redondeces, sigue sin entusiasmarme ser retratada.

Cuando me veo en una fotografía (o en un retrato) casi siempre tengo la extraña impresión de enfrentarme a una imagen que no es la que yo tengo de mí misma. Es como cuando te ves de reojo en un espejo sin darte cuenta de que eres tú. O como cuando escuchas tu voz en una grabación y suena tan diferente a como tú te oyes. O la alienante sensación que suelo tener cuando oigo a alguien que no conozco decir mi nombre refiriéndose a otra persona que se llama como yo y, de repente, esa palabra, esas dos sílabas que conforman mi nombre, me parecen tan desligadas de mí que me pregunto si realmente "San-dra" tiene alguna relación conmigo.

Cuando me miro en una foto (o en un dibujo, en este caso) parece que sólo puedo ver y destacar las partes que no me gustan de mí misma. Pero observo de nuevo éste retrato y tengo sensaciones encontradas. Es algo íntimo y hermoso ser retratada por tu amante ("amante"... ¡qué bella palabra!), por alguien que te conoce a un nivel tan estrecho, por quien ha besado esas facciones y las ha acariciado, por quien las ama, por quien te dice que son hermosas...

Y, en un acto casi erótico, alguien que odia posar se está casi dos horas quieta viendo moverse los lápices. Y cuanto más miro el resultado más me gusta. E incluso puede que me reconcilie con mi propia imagen plasmada...

lunes, 3 de octubre de 2005

París, 1963 (Alfred Eisenstaedt)


La pregunta que me asaltó nada más ver esta maravillosa fotografía por primera vez es evidente: ¿qué estarán viendo estos niños? Supongo que es lo primero que piensa cualquiera al ver sus caritas de auténtico asombro, de auténtica sorpresa, de real fascinación. Pero, tras una corta reflexión, se hace evidente que eso es lo de menos. El autor no nos lo revela ni en la obra ni en el título. Quizá es mejor no saberlo, quizá lo importante de esta foto no es el por qué sinó el hecho en sí, la capacidad infantil de sorpresa y asombro respecto al mundo que les rodea.

Todas las personas adultas que me interesan por una u otra razón, todas las personas adultas a las que admiro, que me fascinan, con las que me gusta estar y mantener conversaciones conservan esa facultad infantil tan increíble y única. Y me gusta pensar que yo también la poseo e intentaré no perderla jamás. Porque esa capacidad te hace mantener los ojos bien abiertos, te hace ser curioso, creer en las sorpresas que esperan a la vuelta de la esquina; te hace, en definitiva, ver el mundo como un sitio mágico y fabuloso.

Al nivel de ensoñación del que hablo un árbol siendo atravesado por los rayos del sol puede ser lo más fascinante y hermoso del día. Y a ese nivel es lógico hacer miles de kilómetros para disfrutar la experiencia única de ver tocar a un grupo de música al que adoras, o es lógico llorar con un cómic, emocionarse hasta extremos inimaginables con un libro, estremecerse con el pasaje de una película o con una canción... Hablo del nivel de las caras de los niños de la foto, creo que algunos y algunas ya saben de lo que hablo porque lo han experimentado.

Quiero que mi vida esté rodeada de esos niños- adultos o adultos- infantiles. Quiero rodearme de individuos con el síndrome de Peter Pan y no quiero superar el mío propio. Quiero llenar mi mundo de magia y de gente que sepa ver las maravillas que nos rodean como las veo yo.

Tras decidir que escribiría sobre esta fotografía pensé buscar en internet su orígen, cómo se hizo, dónde, es decir: averiguar qué están mirando exactamente esos niños. Pero ahora ya no quiero saberlo. Están mirando la cosa más mágica del universo. Que cada uno busque su propia conclusión y encuentre las cosas que le hacen emocionarse como a los niños de la foto.